Buscador







Desde la fecha:


Discurso de Fernando Straface en la cena anual CIPPEC 2014


Transcripción del discurso de Fernando Straface, director ejecutivo de CIPPEC, en la cena anual 2014.

El año pasado en este encuentro, como en tantos otros espacios durante todo el 2013, celebramos 30 años de democracia ininterrumpida. Es un logro que nos reconforta y que periódicamente usamos para exponer el vaso medio lleno de la historia reciente del país. 

Celebramos que nos hemos acostumbrado a vivir en democracia: tenemos certidumbre sobre su continuidad. Y esa certidumbre nos permite pensar en caminos que mejoren la calidad de esa democracia.  
 
Pero el logro de la consolidación democrática enfrenta hoy un desafío que interpela a todo el sistema político, a los líderes sociales y a todos los sectores, incluyendo, por supuesto, al sector privado: trazar un rumbo de desarrollo que trascienda a un gobierno en particular, a un signo político o a una coyuntura histórica
 
El sendero de desarrollo de la Argentina no parece tan despejado ni estable como la consolidación democrática. No tenemos, sobre el desarrollo, la misma certidumbre que tenemos sobre la estabilidad democrática. Y por eso las oportunidades de verdadero progreso individual para las personas y de progreso intergeneracional para las familias todavía no se consolidan.
 
El desarrollo es un proceso de acumulación progresiva y sincronizada en tres planos: capitalización institucional, crecimiento económico y expansión de la equidad.  Instituciones, crecimiento y equidad. Por eso el lema de la cena. 
 
El crecimiento económico sin un correlato de mayor calidad institucional siempre está sujeto a un freno repentino y especialmente a una distribución inequitativa de ese crecimiento. Por eso no alcanza con crecer de forma extraordinaria si ese crecimiento no conlleva oportunidades sostenidas de movilidad social para las familias, especialmente entre generaciones. El desarrollo se lleva mal con la volatilidad o los fenómenos de shock. En esos casos siempre retrocede la inclusión, se posterga la movilidad social y ganan terreno los estados de excepción institucional.   
 
Desde 2003 tuvimos algunos años de gran crecimiento y otros, los más recientes, de un sobrio aumento del producto. Además, en estos años millones de argentinos alcanzaron y/o recuperaron un umbral mínimo de dignidad a partir de la ampliación y consolidación de derechos sociales. El empleo creció y aumentó el consumo para los sectores más vulnerables. 
 
Es verdad que cada uno de estos indicadores puede ser parcialmente interpelado por el deterioro de las estadísticas públicas a partir de la intervención del Indec. Pero el signo positivo es innegable y debemos trabajar para que estos logros sean un piso sobre el cual seguir construyendo. Crecer como lo hemos logrado en algunos años es muy bueno y haber establecido un piso de derechos, también.  
 
Pero también es demostrable que el crecimiento y la inclusión todavía no fundaron las bases para transformar el esfuerzo de millones de argentinos en progreso y movilidad social ascendente. El desafío más importante es que no tenemos asegurado el quiebre de la transmisión intergeneracional de la pobreza. Y por eso estamos todavía lejos de reconstruir una verdadera sociedad de clase media en el país.   
 
Esa idea tan arraigada en muchas generaciones de argentinos, según la cual el futuro de los hijos sería mejor que el de los padres, hoy no parece ser cierta para muchos sectores. No estamos logrando complementar las mejoras en el consumo con el acceso a bienes públicos para la movilidad social. 
 
Más allá de la notable mejora en la inversión, la educación no está funcionando como ascensor social. En los últimos años aumentó significativamente la escolarización temprana, pero solo 31 de cada 100 chicos que ingresan a primer grado terminarán la secundaria.  
 
La Argentina logró en los últimos años avances significativos en la reducción de la pobreza. Pero la pobreza en hogares con niños es 7 veces mayor a los hogares sin niños. La "infantilización de la pobreza" es un desafío para toda América Latina y también en la Argentina. 
 
En el mercado de trabajo, un tercio de la población accede a un empleo informal que carece de cobertura social e impide el acceso a instrumentos de ahorro. 
 
Este escenario compromete la incorporación al mercado de trabajo de millones de jóvenes y es una pesada carga para que ellos y las familias que formen puedan progresar.  
 
El bono demográfico que ostenta la Argentina no será aprovechado si esos jóvenes no pueden ingresar a un mercado de trabajo con mayor acumulación de conocimiento y competencias. Esto, además, impactará en la seguridad social de quienes hoy trabajan y aportan. 
 
Este es el imperativo que enfrenta no solamente el gobierno que asuma en 2015, sino varios gobiernos por delante, con independencia del signo político que tengan. Esto puede convertirse en una verdadera agenda de Estado, por encima de los distintos caminos, las opciones de política, que puedan plantearse para alcanzarlo. 
 
A veces se confunde la aspiración de una agenda estratégica del país con la demanda de uniformidad en las posiciones políticas. Los partidos pueden tener visiones distintas acerca de los caminos para alcanzar el progreso. Es saludable que así sea y la posibilidad de alternancia, en condiciones de equidad en la competencia política, pone a prueba la capacidad de los gobiernos. Ahí es donde la democracia sale de garante del desarrollo. 
 
Lo importante es converger hacia objetivos estratégicos como nación
 
2014 es un año muy importante para el sendero de desarrollo argentino. La macroeconomía volvió a ser el principal eje de debate, como en otros períodos de nuestra historia. Pero con la macroeconomía no alcanza para una agenda de desarrollo. Por supuesto, es condición necesaria. La mayoría de los países en la región y en el mundo logran los equilibrios para poder avanzar en otras agendas. 
 
Este año es importante porque es la oportunidad para renovar una conversación sobre la agenda del desarrollo. Para empezar a dialogar sobre los temas que hoy son el ancla pero también pueden ser el motor del desarrollo argentino. 
 
Los países que mantienen un sendero de desarrollo miran hacia y procesan los cambios de gobierno como una oportunidad para consolidar logros y avanzar en nuevos desafíos. El desarrollo se logra por acumulación y no por refundación serial de los grandes lineamientos. Al mismo tiempo, al desarrollo se llega pasando la prueba de resiliencia que supone la renovación de los elencos de gobierno. 
 
Esta es la perspectiva con la que trabajamos desde CIPPEC. Vamos a profundizar el conocimiento y el debate público en cuatro prioridades estratégicas que demandan un acuerdo intertemporal, aun cuando otros temas de corto plazo compitan por la atención política y social. 
 
En primer lugar, dos temas que comprometen el futuro de millones de chicos y jóvenes y, a través de su propio destino, también el del desarrollo del país.  
 
Necesitamos una política integral de inversión en la primera infancia que coordine y potencie los esfuerzos actuales de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil. Varios países de la región lo están haciendo con éxito. Para tener una oportunidad, los niños y niñas necesitan condiciones básicas de salud, nutrición y estimulación temprana, 
 
También debemos construir una hoja de ruta para mejorar la calidad educativa en el país. Hay que ponerla en el centro del debate, mejorar la evidencia y las opciones de política y lograr acuerdos que trasciendan gobiernos, ciclos e identificaciones político ideológicas. 
 
Tercero. Sabemos también que el stock y la calidad de la infraestructura operan como la condición de posibilidad del crecimiento. En los últimos años constatamos, además, que el deterioro de la infraestructura impacta directamente sobre la canasta de consumo y el bienestar de los más pobres. Es una prioridad que hoy se volvió urgente. Por eso estamos desarrollando una propuesta sobre infraestructura en transporte, energía, agua y saneamiento. Por aquí pasa gran parte de la competitividad futura de la Argentina. 
 
Y, por supuesto, las instituciones. Vale la pena repetirlo: las instituciones no son un lujo que se dan los países después de crecer durante mucho tiempo. Los países crecen de forma sostenida solo si logran buenas instituciones. Trabajaremos en la equidad en la competencia política, las condiciones de alternancia y de ejercicio del poder, la profesionalización del Estado y la independencia de la Justicia como garante de reglas del juego democrático. Trabajaremos especialmente para promover el acceso a la información pública en la Argentina. Como saben, somos uno de los pocos países de América Latina que aún no tienen una ley nacional de acceso a la información.  
 
La Argentina no tiene condiciones excepcionales. No hay condicionantes geográficos ni históricos ni culturales. Otros países enfrentaron con éxito los mismos desafíos. Al mismo tiempo, el desarrollo no llega solo. 
 
Celebramos que en estos meses varios sectores comparten la voluntad de mirar hacia mediano plazo en sus planteamientos. Esta reunión en sí misma es una conversación sobre desarrollo. 
 
Por eso vamos a trabajar en esta agenda con el sistema político, el sector empresario, las organizaciones sindicales y otros actores para construir un gran diálogo público sobre nuestro desarrollo. 
 
Argentina debate cómo desarrollarse. El límite de este objetivo es nuestra capacidad de acción colectiva. Gracias por acompañarnos esta noche. 
 

Area:
Area de Instituciones y Gestión Pública
Proyecto: