| Deudas con la educación de los más chicos |
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05 de Octubre de 2007 Noticias / Archivo / 5 de octubre de 2007 / Suplemento Especial / Notas |
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Existen en el país grandes deudas en la escolarización de la primera infancia. El análisis de la situación del nivel inicial -que va de los 45 días a los cinco años- muestra que, a pesar de los avances registrados en los últimos 15 años, la educación de los más chicos es aún una cuestión pendiente. Como consecuencia de su tardía priorización dentro de las políticas educativas, de la baja inversión comparativa y del lento desarrollo de estos servicios en comparación con los otros niveles del sistema, el acceso de los niños y niñas a la educación inicial es aún insuficiente y muy desigual en la Argentina. Esto atenta fuertemente contra el derecho a la educación y constituye una situación de exclusión educativa. Considerando el desarrollo tardío del nivel en comparación con otros, resulta necesario definir políticas nacionales y provinciales atentas a la situación actual -en particular al mapa heterogéneo que presenta el país— y que incluyan metas de corto, mediano y largo plazo para alcanzar una oferta educativa de calidad y acorde a las necesidades de la población infantil y sus familias. Algunas de las deudas son: Hay grandes desigualdades entre provincias: mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Tierra del Fuego y Santa Cruz tenían en 2001-según datos del último Censo Nacional realizado- una tasa de escolarización mayor al 93% para la sala de cinco años, las provincias más rezagadas, como Misiones, Chaco, Formosa y Salta, no superaban el 67%. Y, en el caso de la sala de cuatro años, las diferencias eran incluso mayores, con una tasa de escolarización menor al 20% en las provincias más pobres. Los servicios son insuficientes: ninguna jurisdicción del país cuenta con jardines de infantes para albergar a todos los niños y niñas de cinco años, y los servicios educativos son cada vez más escasos a medida que se desciende en la franja etaria (para las salas de tres y cuatro años y, fundamentalmente, para los servicios del jardín maternal). Esto se refleja, entre otras cosas, en la alta participación del sector privado en el nivel, que se ha expandido para cubrir la creciente demanda de la sociedad por la escolarización temprana. Así, el sector privado atiende el 30% de la matrícula total del sistema para los jardines de infantes y el 70% para los jardines maternales (45 días a dos años inclusive), una proporción considerablemente mayor a la registrada para el nivel primario. A mayor pobreza, se registro menor escolarización-Si bien existe una gran proliferación de alternativas para la atención integral de los niños y niñas de la primera infancia, organizadas por la sociedad civil, la insuficiencia de servicios educativos públicos y gratuitos es una de las explicaciones de por qué cuanto menores son los ingresos de las familias, menores son las probabilidades de asistencia a un jardín de infantes. En efecto, mientras que 60% de los niños y niñas no pobres asisten a la sala de cinco años, esta proporción desciende a 47% en los niños y niñas pobres. Esta diferencia se acrecienta a medida que desciende la edad, y las probabilidades de que un niño o niña pobre asista a una sala de tres años es la mitad de la de un niño o niña no pobre. A menor edad, hay menor asistencia. Un último punto a destacar es la distancia que existe entre la escolarización en el último año del jardín de infantes y la de las salas de tres y cuatro años: en el año 2003 mientras que en la sala de cinco la tasa de escolarización ascendía a 91%, en la sala de cuatro era de 44% y en la de tres, solamente 15%. A su vez, el desarrollo de la atención integral de la población de cero a dos años es tan incipiente en la Argentina que solamente el 1,7% de los niños y niñas de esa edad asiste a jardines maternales. Si bien esta baja proporción no debe ser analizada solamente en términos de la oferta de servicios, sino también en relación a las preferencias familiares de criar a sus bebes en el hogar, la falta de jardines maternales indica claramente que aquellas familias donde ambos padres deben trabajar no cuentan con un servicio público que atienda integralmente a sus hijos. Esto repercute no solamente en la posibilidad de inserción laboral de las mujeres, cada vez más necesaria para la economía de los hogares, sino también en los derechos de la infancia, ya que en muchos casos son los mismos hermanitos y hermanitas quienes terminan siendo responsables de la crianza de los más chicos. |