Aunque cayó la pobreza infantil, los niños siguen siendo los más pobres de la Argentina


La tasa de pobreza en niñez y adolescencia descendió de 48% a 41,9% entre el segundo trimestre de 2016 y el primer trimestre de 2017. Sin embargo, la situación de los niños y adolescentes mejoró menos que la de los adultos. Así, la tasa de pobreza en niñez y adolescencia casi duplica la de mayores de 18 años.

Según cálculos realizados por CIPPEC sobre los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC correspondientes al 1º trimestre de 2017, 41,9% (3.112.202) de niños, niñas y adolescentes menores de 18 años viven en situación de pobreza en Argentina. Esto representa un descenso de 6 puntos respecto de la medición del segundo trimestre de 2016, cuando se publicaron por primera vez los datos de pobreza con la nueva canasta básica total.

“Es difícil atribuir la disminución a un único factor. Lo que muestran estos datos es que los ingresos de los hogares crecieron algo por encima de la inflación. Algunos de los elementos que pueden ayudar a ese crecimiento en los ingresos es la creación del ingreso universal para adultos mayores, la actualización de la AUH, y la ampliación de las asignaciones familiares a los monotributistas”, explica Gala Díaz Langou, directora del Programa de Protección Social.

A pesar de esta relativa mejora, la Argentina sigue concentrando los peores indicadores de pobreza en los niños, fenómeno conocido como infantilización de la pobreza. Si bien la situación de los niños y adolescentes mejoró durante este período, lo hizo en menor medida que la mejora en la situación de los adultos. 39.1% de los niños menores de 5 años viven en situación de pobreza, mientras que 42,28% de los niños entre 5 y 14 años y 42,45% de los adolescentes entre 15 y 17 años se encuentran en esta situación.

“Revertir la infantilización de la pobreza y su profundización implica un arduo desafío en el largo plazo, ya que supone abordar causas estructurales que están arraigadas en patrones culturales y factores socioeconómicos. Sin embargo, a pesar de esta complejidad, se trata de un desafío que debe ser abordado con urgencia”, dice Díaz Langou.

Según el estudio “¿Qué transferencias realiza el Estado a las familias con niños y adolescentes en Argentina? Una propuesta desde la equidad” realizado por CIPPEC en 2016, el actual esquema de transferencias del Estado a las familias con hijos tiene algunos aspectos en los que es fragmentado e inequitativo.

De acuerdo al estudio, el esquema de transferencias es fragmentado porque los múltiples tipos de cobertura dependen de la condición laboral de los adultos, cuando el foco debería colocarse en los derechos de los niños y adolescentes. Y es inequitativo porque:

– El valor de las prestaciones no es igual y tampoco progresivo (por ejemplo, hay casos en los que el Estado transfiere más a quienes deducen de ganancias que a quienes reciben Asignaciones Familiares o AUH).
– Los criterios para determinar la elegibilidad para percibir prestaciones son heterogéneos.
– No todas las familias con niños están cubiertas. Todavía hay exclusiones por normativa injustas, como que los hijos de autónomos fueron sistemáticamente excluidos de toda prestación a pesar de ser un grupo comparable con quienes deducen ganancias.
– También sigue habiendo muchos que no fueron alcanzados por las intervenciones a pesar de cumplir los requisitos normativos; este porcentaje es mayor en el quintil más pobre y menor en el más rico.

“Por todo esto, el actual esquema de transferencias necesita ser modificado”, señala Díaz Langou.

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