Desafíos de la educación inicial hoy


A poco más de un siglo de la creación del primer jardín de infantes del país, la oferta de educación inicial sigue siendo insuficiente y dispar.

La sala de cinco es obligatoria hace más de 20 años, la sala de cuatro hace dos años y se está debatiendo en el Congreso que la de tres años también lo sea. Sin embargo, garantizar la oferta es todavía un desafío, especialmente en los primeros años del jardín.

La cobertura de la sala de cinco es casi universal pero la de niños de cuatro años es muy dispar: en provincias como Tierra del Fuego y La Rioja asiste más del 90% de los chicos; mientras que en Tucumán o Formosa asiste poco más que la mitad. Para la sala de tres las diferencias son más marcadas: mientras la Ciudad de Buenos Aires posee una cobertura de más del 65%; en provincias como San Juan, Salta o Misiones no supera el 10%.

Las tres salas que integran el jardín maternal (45 días, un año y dos años) conforman una oferta educativa marginal en la mayoría de las jurisdicciones: en muchas (como Tucumán, San Juan, Misiones, Catamarca, San Luis y Córdoba), la participación de los niños no supera el 1%.

El déficit en la oferta es claro y contundente. A su vez, si se contempla que la participación del sector privado en el nivel inicial es del 68% —la más alta en el sistema educativo argentino— la ausencia estatal es aún más notoria. Pero, como las políticas para la primera infancia están atravesadas por tradiciones y posicionamientos socioculturales, religiosos, políticos y pedagógicos, las disparidades señaladas no son solo un reflejo de las políticas públicas sino también de las decisiones de las familias.

Hay que tener en cuenta, además, que el mapa de instituciones que se ocupa de los más chicos trasciende al nivel Inicial. Existen otras ofertas menos formalizadas y sobre la que hay menos información. Las iniciativas comunitarias (movimientos barriales, eclesiásticos o gremiales), jardines de gestión privada no incorporados a la enseñanza oficial y los Espacios de Primera Infancia (dependientes del Ministerio de Desarrollo Social) son algunos ejemplos.

En este escenario, ante todo, se necesita un diagnóstico certero de la distribución y las  características de la oferta de crianza, enseñanza y cuidado, especialmente para los niños menores de tres años, donde se encuentran los mayores déficits. Solo así podrá realizarse un plan para garantizar la oferta de vacantes y superación de las diferencias de acceso.

Pero no basta con garantizar el acceso y las cuestiones materiales (infraestructura, mobiliario y recursos didácticos). Para reducir las desigualdades y que la experiencia de los niños sea significativa, hace falta además establecer acuerdos respecto de qué debe aprender un niño a esta edad y cómo deben formarse y capacitarse los profesionales que trabajan con ellos.

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