Qué transferencias realiza el Estado a las familias con niños y adolescentes en Argentina. Una propuesta desde la equidad


Los niños y adolescentes cuentan con el derecho a tener un nivel de vida digno y que sus familias cuenten, para ello, con dinero. Además, este período es crucial para el desarrollo cognitivo, físico y emocional de las personas. En comparación con otras etapas, lo que ocurre en la infancia y la adolescencia tienen mayores implicancias en cómo se transita el resto de la vida.

A pesar de la relevancia que tiene asegurar un nivel de vida decente para las familias con niños y adolescentes, Argentina concentra la pobreza en ellas (59% de los menores de 18 años pertenecen a familias con ingreso per cápita en los dos quintiles de ingreso más pobres, contra 32% en la población mayor de 17 años). Este fenómeno, conocido como infantilización de la pobreza, se profundizó en los últimos años. Esto se verifica al observar otras formas posibles de medir bienestar, más allá del ingreso.

Si bien este desafío debe ser abordado integralmente, haciendo frente a las múltiples dimensiones que dan cuenta de la situación de pobreza, un indiscutible pilar en esta estrategia es garantizar que las familias con niños y adolescentes cuenten con ingresos suficientes.

En Argentina el Estado transfiere ingresos a estas familias través de 3 vías: 1) subsistema contributivo (Asignaciones Familiares), 2) subsistema no contributivo (principalmente Asignación Universal por Hijo-AUH), y 3) deducción del impuesto a las ganancias. Es innegable que se realizaron avances de cobertura y equidad (como extender la cobertura a hijos de trabajadores desocupados, en la informalidad y monotributistas) pero todavía restan importantes desafíos para alcanzar un sistema integrado de protección a la niñez y la adolescencia.

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