El déficit primario cero es un desafío dada la recesión. Pero es el camino para acceder al financiamiento del FMI y evitar un ajuste mayor

La semana pasada el Gobierno dio un trabajoso primer paso para avanzar con el Presupuesto 2019 que estará condicionado por el objetivo pactado con el FMI: llegar al déficit cero. Para lograrlo, el equipo económico dejará atrás el gradualismo y cambiará sus promesas de bajar los impuestos por una menos seductora presión tributaria récord que se ubicará en26,2% del PBI, desandando el camino hacia la baja que había arrancado en 2016.

Un informe del IARAF cuenta que el año próximo la presión tributaria a nivel nacional será equivalente al 26,2% del PBI, el nivel más alto desde el 25,8% que había en 2015. A simple vista, esto marca una aumento de un punto porcentual respecto del nivel de este año. Pero NadínArgañaraz, titular del IARAF, detalla que el incremento es incluso mayor. “Hay que tener en cuenta que hasta el año pasado se esperaba que la presión tributaria de 2019 fuera 0,3 y 0,4 puntos porcentuales menor que la de este año, así que ese debe ser el punto desde donde tenemos que medir el aumento, que claramente es superior a un punto del producto”.

La mayor presión impositiva tiene dos pilares:por un lado, las retenciones adicionales a las exportaciones que equivalen al 1,2% del PBI. Por el otro, la “no rebaja” de impuestos a la que hizo referencia el ministro Nicolás Dujovne el lunes pasado, cuando presentó los resultados fiscales del tercer trimestre y ratificó el compromiso de pasar del 1,1% de déficit primario acumulado en lo que va del año a déficit cero en el 2019. Esa “no rebaja” implica frenar las reducciones impositivas que se habían pactado en la reforma tributaria aprobada por el Congreso en diciembre de 2017.

De aquella reforma se mantienen en pie las rebajas a las contribuciones patronales, la apuesta con la que el Gobierno busca reactivar el deprimido mercado laboral. Y si bien se reduce el impacto del impuesto a las Ganancias porque se permite computar como pago a cuenta una porción del impuesto al cheque, la aridez fiscal se llevó puesta la promesa de aumentar ese porcentaje del 33% actual al 50%. En el camino también quedó la posibilidad de permitirles a las empresas ajustar sus balances por inflación.

¿Qué tan factible es cumplir con el objetivo del déficit cero en un contexto recesivo?, le preguntó el Económico a Argañaraz. “Va a ser una tarea muy desafiante porque el Gobierno va a tener que ir mensurando día a día el impacto que puede tener la caída de la actividad en la recaudación.En la recesión, ante la escasez de recursos, puede haber un mayor incentivo a evadir”. Esto sumaría una complicación adicional al plan, ya que, pese a que Dujovne sostiene que el déficit cero se alcanzará en un 50% por la reducción del gasto público y en otro 50% por más presión tributaria, Argañaraz considera que “el alza de los impuestos aportará al menos un 60% de la eliminación del déficit”.

Para Ricardo Carciofi, del CIPPEC, el objetivo fiscal de 2019 “es una meta ambiciosa en términos de la magnitud del esfuerzo requerido. El proyecto prevé un recorte de gastos equivalente al 1,5% del PBI y un aumento de recursos del 1,2%, es decir mayor presión tributaria, lo que configura un cambio profundo respecto de la estrategia fiscal previa”. Según los cálculos del CIPPEC, por el lado del gasto las erogaciones corrientes se reducirán en alrededor de 10%. En términos reales, la baja del gasto será del 6% en servicios sociales; del 23% en educación y cultura; del 48% en vivienda y urbanismo; del 20% en promoción y asistencia social; del 8% en salud; del 17% en ciencia y técnica; y del 20% en agua potable y alcantarillado.

El analista detalla que la reducción del gasto es muy fuerte en inversión y en subsidios. El primer rubro, conocido como, “gastos de capital” equivale a medio punto del producto. “En términos reales esto es una baja de más de 35%. Esto va a impactar en obras de infraestructura energética y en transporte”, dice Carciofi. En el ajuste sobre los subsidios económicos, los recortes van a impactar directamente sobre las tarifas. “En energía eso se ve en los ajustes que estamos teniendo en la tarifa del gas. El Gobierno viene quitando subsidios allí equivalentes a 0,7 puntos”. También en transporte habrá un ajuste en subsidios porque ese rubro se pasa a la órbita de las provincias, que tienen que absorber gastos por $40.000 millones.

Para Carciofi, este ajuste pegará sobre el nivel de actividad. “Este Presupuesto no es para nada expansivo. En una recesión agrega dificultades para la actividad.Pero a la vez no hay que dejar de tener en cuenta que es por el ajuste que plantea este Presupuesto que se ha logrado acceder al financiamiento del FMI.Sin ese financiamiento, el ajuste sería todavía peor”.

Ramiro Castiñeira, de Econométrica, es uno de los que piensan que el ajuste era inevitable. “Cuando Cristina se va, deja un déficit fiscal de 7 puntos.Antes de que Macri le fuera a tocar el timbre al FMI, el rojo era de 6 puntos. Argentina claramente necesitaba acomodar las cuentas públicas y el gradualismo no fue el camino para ello”. El economista remarca la diferencia que hay entre el déficit primario, en el que Dujovne promete alcanzar el cero, y el déficit fiscal, que incluye el pago de los intereses de la deuda. “En rigor, el déficit cero sería un déficit fiscal de 3 puntos del PBI, que se va alejando del 7%, pero aún está lejos del 2% que los países de la UniónEuropea toman como límite saludable”.

“Argentina agotó todos los recursos para sostener el déficit y lo único que logró fue una crisis. Hace 7 años que el país no crece por no arreglar las cuentas públicas. No es que el ajuste va a generar una situación peor, sino que ya estamos en una situación peor por no hacer el ajuste”. De cara a lo que ocurrirá en 2019, Castiñeira remarca que “el mayor impacto de la caída del nivel de actividad se dio este año. Para el año que viene habrá un arrastre estadístico negativo de 2,5%. Entonces, el crecimiento cero que se espera para la actividad en 2019 en realidad implica que igualmente se crecerá, dado que se arranca desde muy abajo”.

Agustín D’Attellis tiene una visión crítica del plan que lleva adelante el Gobierno. “Este Presupuesto implica asumir, bajo la presión del FMI, un programa de ajuste de $550.000 millones en una economía que ya esta en recesión. Por primera vez en muchos años, la partida de intereses de la deuda pasará a ser la segunda de todas las partidas del Presupuesto, después de la seguridad social y jubilaciones. Por cada $100 que se destinan a la deuda, $38 van a educación, $25 a salud y $11 a protección social”.

Los cambios en Bienes Personales

La modificación a los Bienes Personales era una de las tres leyes económicas adicionales que se votaron en la madrugada del jueves pasado junto con el Presupuesto. El proyecto prevé que el mínimo no imponible del impuesto pase de los actuales $1.050.000 a los $2 millones a partir de los ejercicios fiscales 2019 (se paga en 2020).

Según Nadín Argañaraz este cambio representa 0,15% del PBI, lo que implica una recaudación extra de $35.000 millones. Si se aplicara en 2019 llevaría la presión tributaria a 26,4%.

Desde 2019, aquellos que declaren bienes por entre $2 millones y $5 millones pagarán una tasa de 0,25%; entre $5 y $10 millones, 0,50%, y a partir de los $20 millones, 0,75%. En el recinto Cambiemos impuso una modificación al proyecto en favor del campo para eliminar definitivamente el cobro de Bienes Personales a los inmuebles rurales.

Fuente: Clarín

Autor


Ricardo Carciofi

Investigador principal de Desarrollo Económico

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