El discurso de apertura de sesiones es un momento crítico para la democracia

Vistos desde 1996, los Informes del Estado de la Nación tienen algunas debilidades. El uso de “datos duros” creció pero su calidad es contradictoria y su legitimidad, puesta en jaque. Los presidentes, en lugar de comunicar indicadores (como tasa de mortalidad infantil o porcentaje de mujeres embarazadas que realizan controles pre parto, por ejemplo), optan por usar variables, como canti- dad de vacunas contra la gripe o monto invertido en programas de prevención de la mortalidad infantil. Los presidentes hablan de la maquinaria estatal pero no pueden responder por los indicadores de largo plazo que nos alejan o acercan del desarrollo humano y sostenible. En definitiva, nos han dado pocas pistas sobre cómo sus políticas han mejorado la vida de las personas.

La manera en que los presidentes ordenan el discurso dificulta que legisladores y ciudadanos controlen los resultados del gobierno. Distintas formas podrían adoptarse para hacerlo más significativo y abierto. Una opción sería dar cuentas sobre las promesas de campaña. También podrían darse explicaciones tomando como base los ocho objetivos y las 100 prio- ridades de gobierno que desarrolló la Jefatura de Gabinete. El Informe del Estado de la Nación también podría explicar los avances hacia los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que son compromisos internacionales asumidos por la Argentina.

Autor


Natalia Aquilino

Directora de Monitoreo y Evaluación

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