El rol del G20 en el futuro del trabajo es clave porque el mundo digital es un mundo global

El mundo vive una transformación con pocos antecedentes. Un conjunto de nuevas tecnologías (Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas, análisis de Big Data, impresión 3D, etc.) agrupadas en lo que se conoce como la Cuarta Revolución Industrial está cambiando la forma en que producimos, consumimos, comercializamos y, por supuesto, el modo en que trabajamos.

En este contexto incierto, está ganando consenso en los ámbitos de política pública una narrativa global sobre cómo estas nuevas tecnologías pueden dar forma a los mercados laborales en el futuro cercano. Según esta narrativa, la adopción generalizada de máquinas más inteligentes y más baratas avanzará a gran velocidad y, luego de un período de transición que puede implicar algunos costos en términos distributivos, tanto el empleo como los salarios reales aumentarán gracias al cambio tecnológico. Eventualmente, se logrará un nuevo equilibrio basado en una consistencia entre las nuevas tecnologías y las nuevas habilidades requeridas.

Desde la perspectiva de un país en desarrollo, como la Argentina, esta narración presenta algunas deficiencias. En particular, no parece ajustarse a la forma en que las revoluciones tecnológicas globales y el desarrollo económico interactuaron en el pasado. La historia muestra que los períodos de aparición de tecnologías disruptivas también fueron fases de grandes bifurcaciones en los ingresos, la productividad y el bienestar entre los países, esto es, la aparición de ganadores y perdedores a nivel mundial.

Creando el futuro del trabajo en el mundo emergente.

La Cuarta Revolución Industrial acaba de comenzar. Esto abre una ventana de oportunidad para los países en desarrollo: todavía hay tiempo para adaptar las políticas y las instituciones al mundo venidero. ¿Qué hay que hacer para romper el statu quo y aprovechar esta oportunidad?

El primer lineamiento general de política se refiere al ritmo del cambio tecnológico. Es necesario implementar planes productivos integrales para estimular una adopción más rápida y generalizada de las tecnologías asociadas a la Cuarta Revolución Industrial. Los países emergentes cuentan con algunos sectores que se encuentran cerca de la frontera tecnológica global, pero el panorama general en estas naciones es de una baja capacidad de absorción de los últimos avances digitales.

El segundo lineamiento general se refiere a las políticas de formación de conocimientos y habilidades. En este contexto tan dinámico, lo óptimo sería crear una agencia pública para la anticipación de las competencias laborales. Allí, la combinación de información sobre el mercado laboral (LMS, por su sigla en inglés) con modelos de pronósticos de habilidades e investigaciones cualitativas puede servir de guía para la orientación de las políticas educativas y el diseño de los incentivos para la capacitación profesional en las empresas.

Por último, un tercer eje de política se refiere a los esquemas de protección social y, más en general, las instituciones que median en las relaciones laborales. Los esquemas tradicionales deberán reformarse para dar paso a arreglos más flexibles, quizás complementados con una red de contención universal.

En este contexto, el rol del G20 es clave por un motivo sencillo: el mundo digital es un mundo global. Así, es necesario desarrollar un sistema global de monitoreo de los avances tecnológicos y sus impactos en el mercado de trabajo. También hay que trabajar en materia de transferencia de tecnología: el cambio tecnológico en los países en desarrollo debe ser apoyado con políticas e incentivos que involucran a los países desarrollados. Además, la reforma de las instituciones laborales para el siglo XXI -incluidos los capítulos impositivos y de gasto público- debe hacerse en forma coordinada para que no domine la competencia entre los países. En esta agenda, el G20 puede hacer una diferencia y lograr que la Cuarta Revolución Industrial genere ganancias de bienestar para todos y todas.

Fuente: Télam

Autor


Ramiro Albrieu

Investigador principal de Desarrollo Económico

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