Hay que ampliar los servicios de cuidado para los hijos de madres adolescentes así ellas no tienen que abandonar la escuela

El embarazo adolescente se posiciona en el debate público argentino. Según datos oficiales, 109 mil chicas menores de 19 años y 3 mil niñas menores de 15 tienen un hijo cada año. En la mayoría de los casos, las consecuencias de una maternidad temprana se ven reflejadas en la escuela. Quienes ya tuvieron hijos aprenden menos y tienen más materias previas que sus compañeras.

Los datos surgen de un nuevo informe que elaboró el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, que cruzó variables de género a partir de los cuestionarios complementarios de Aprender 2017.

En el reporte se ven marcadas diferencias de aprendizajes en las alumnas de quinto y sexto año. En matemática, al 88,2% de las chicas que ya fueron madres o están embarazadas le cuesta resolver operaciones sencillas. Ese número desciende al 72,7% en las estudiantes que no tienen hijos. La misma relación se observa en lengua: allí la proporción es 60,3 contra 34,9 por ciento.

De las 168.307 mujeres que respondieron el operativo Aprender, el 5% había tenido hijos o estaba embarazada en ese momento. En el nivel socioeconómico bajo, el índice de maternidad es el más alto (10%) y desciende progresivamente hasta solo un 1% en los contextos más aventajados. Ese 5%, en realidad, hay que ponerlo en contexto. Es que muchas chicas que fueron madres quedan en el camino antes. No logran llegar al último año.

Elena Duro, secretaria de evaluación educativa, le dijo a Infobae: “Sabemos que el embarazo temprano es un factor importante de abandono de la escuela. Lo primero es la prevención del embarazo que trabajamos junto al ministerio de Salud y Desarrollo Social para que mejores los indicadores, pero una vez que sucede la escuela tiene que dar respuesta. Un ejemplo son las salas maternales, que ya están en muchas escuelas de la provincia de Buenos Aires y también aumentan en el NEA y NOA, las dos regiones de más alto embarazo adolescente”.

Por su parte, el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, remarcó: “La educación es la mejor herramienta para que las mujeres tengan los mismos derechos y posibilidades que los varones. Una mujer que no puede desplegar su máximo potencial por falta de oportunidades se traduce en una pérdida para nuestra sociedad. Es privarnos a todos de su talento, su capacidad, su creatividad y de construir un país igualitario y plural”.

Según datos que aporta CIPPEC, en base a la Encuesta Nacional de Juventud de 2014, el 30% de los jóvenes que abandonaron la escuela lo hicieron por maternidad o embarazo. Sin embargo, no hay estadísticas que precisen cuántas de las chicas que quedan embarazadas desertan.

“La primera necesidad es ampliar la infraestructura de servicios públicos de cuidado para los hijos de esas madres adolescentes. Lo ideal sería que la sala maternal estuviera en la misma escuela. Eso es básico porque hay poca infraestructura para niños menores de 4 años. A los 4 ya comienza la escolaridad obligatoria y se amplía la oferta notoriamente, pero el problema está en la infraestructura para chicos entre 0 y 4 años”, señaló a Infobae Gimena de León, investigadora asociada del programa de Protección Social de CIPPEC.

A los varones que son padres les sucede lo mismo. Los que llegan al final de la secundaria alcanzan desempeños significativamente más bajos y se llevan más materias que sus compañeros que no tienen hijos.

Además de la maternidad temprana, hay otro factor que incide en los aprendizajes: el autoconcepto académico. Según muestran los datos, los chicos replican los estereotipos de género. La mitad 50% de los varones afirma que entiende rápido matemática, mientras que entre las mujeres esa proporción desciende a 42%. En Lengua, se da la situación contraria: el 75% de las mujeres dice que le va bien siempre o casi siempre, mientras que entre los varones el número cae a 67%.

Esa autopercepción después se refleja en los resultados. Las mujeres presentan desempeños más bajos en matemática, mientras que están por encima en lengua. “El autoconcepto puede ser modificado con prácticas de enseñanza. Tanto las mujeres como los varones están en las mismas condiciones para aprender, pero se siguen reproduciendo estereotipos culturales”, sostuvo Duro.

Tareas domésticas

Las diferencias de género no solo se observan en el desempeño por materia. En Aprender 2017, 7 cada 10 chicas de quinto y sexto año aseguraron realizar tareas domésticas siempre o casi siempre. Mientras que ante la misma pregunta, solo 5 de cada 10 respondieron en consonancia.

En ese punto vuelven a aparecer las disparidades por nivel socioeconómico. Entre las estudiantes de NSE bajo, el 75% colabora siempre o casi siempre en la casa. En tanto, la respuesta cae al 57% en los sectores más altos.

Educación sexual integral

En el último año, la educación sexual integral (ESI) es el tema más demandado por los estudiantes. Entre las chicas, ese interés incluso es mayor. Un 83% de ellas sostiene que la escuela debería enseñar más temas de ESI, mientras que un 74% de los estudiantes varones selecciona esa opción.

A doce años de la sanción de la ley, todavía su implementación es escasa y dispar entre las provincias. En el Consejo Federal, en mayo, los ministros de educación acordaron los saberes mínimos que se debe enseñar en cada nivel, orientados a los 5 ejes que marca la ley: cuidar del cuerpo y la salud, respetar la diversidad, valorar la afectividad, ejercer los derechos y promover la equidad de género.

Violencia de género

El 29% de los jóvenes manifiesta que se molesta a las mujeres en la escuela por su condición de género. Al ser consultados sobre los temas que la escuela debería enseñar, el 82% de las chicas quiere que se incluyan más actividades de concientización sobre violencia de género. En los varones ese porcentaje desciende al 67%.

Actividades extracurriculares

En este punto, la brecha de género es aún más notoria. Solo un 13% de las estudiantes mujeres menciona que juega con una consola o con la computadora fuera de la escuela cuando en los varones esa actividad llega al 55%. También son ellos los que más deporte practican (73 contra 47 por ciento), pero los que menos leen (26 contra 39 por ciento).

Fuente: Infobae

Autor


Gimena de León

Investigadora asociada de Protección Social

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