Hay que impedir que los partidos puedan ser socios en unas categorías y a la vez contrincantes en otras

Si las alianzas electorales son cada vez más enrevesadas y volátiles, es porque los partidos están muy debilitados. Cuando el PJ y la UCR dominaban la arena electoral no se necesitaban muchas reglas. Los dos partidos podían contener la competencia interna y coordinar una estrategia electoral nacional porque, por fuera de ellos, no había candidaturas viables. Pero hoy existen más de 650 partidos (formar partidos es muy fácil) y prácticamente no hay restricciones para hacer alianzas distintas para cada cargo y en cada provincia.

Casi sin reglas y con partidos débiles, el armado electoral se desbanda. En 2015 sólo el FpV mantuvo la misma alianza para la categoría presidente y legisladores nacionales en las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires. La alianza Cambiemos se mantuvo en 17 provincias para los cargos legislativos y en el resto algunos de los socios se combinaron con fuerzas locales. En las elecciones de gobernador, los miembros de Cambiemos compitieron entre sí en Santa Fe, Ciudad de Buenos Aires, Neuquén y Salta. En Jujuy compartieron su candidato con Sergio Massa y Margarita Stolbizer. En las provincias las combinaciones se multiplican por los lemas (en Formosa, Misiones, Santa Cruz), las colectoras (La Rioja y Salta son casos notorios), los acoples (en Tucumán) y las listas espejo (en Neuquén o Corrientes).

Dado que el problema es estructural, seguramente este año veremos más consistencia en el armado de Cambiemos (porque el oficialismo tiene más herramientas para disciplinar) y unas combinaciones más erráticas en los acuerdos de la oposición.

El resultado es malo por donde se lo mire. Los votantes quedan confundidos ante unas opciones electorales que son indescifrables. Los partidos se debilitan porque es más fácil competir por fuera en una colectora que por dentro de las organizaciones (donde hay que someterse a una interna o negociar y compartir los lugares de la lista con los socios). La gobernabilidad termina comprometida porque después de las elecciones el Gobierno tiene un contingente legislativo dudosamente propio y la oposición está demasiado dividida como para funcionar como interlocutor o contrapeso. Y todo por una forma de hacer alianzas que alienta el faccionalismo, que divide en lugar de agregar.

Autor


María Page

Investigadora asociada de Instituciones Políticas

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