Las múltiples caras de la violencia de género: ¿cómo erradicarlas?

La violencia física y el femicidio son solo la punta de un iceberg que incluye la violencia económica y patrimonial. Un enfoque integral en las políticas es imprescindible para que ya no sea necesario un Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Por José Florito y Florencia Caro Sachetti
Coordinador y analista del Programa de Protección Social de CIPPEC

La violencia que sufren las mujeres es multidimensional. Sus peores manifestaciones, la violencia física y el femicidio, son solo la punta de un iceberg que incluye la violencia económica y patrimonial que se desprende de la discriminación laboral, los prejuicios de género, la agresión simbólica y la desigual distribución de tareas domésticas y de cuidado.

A pesar del aumento en la participación laboral femenina que se experimentó en nuestro país desde los años 60, este indicador se estancó a principios de este milenio: solo cinco de cada diez mujeres están activas en el mercado laboral, frente a siete de cada diez varones. Es decir que 6,6 millones de mujeres de entre 16 y 65 años no trabajan ni buscan trabajo. Se observan también grandes inequidades entre mujeres: las que tienen hijos y provienen de hogares de menores ingresos experimentan mayores dificultades para acceder a puestos de trabajo remunerados.

Las mujeres que logran incorporarse a la fuerza laboral encuentran obstáculos. Las trabajadoras participan más que los varones en empleos precarios en la economía informal, sin aportes jubilatorios. Además, el desempleo es más frecuente entre ellas y la probabilidad de regresar a la inactividad es mayor que la de los varones, especialmente en mujeres en edad reproductiva. Esto se explica en buena medida por la llamada “revolución incompleta”: las mujeres han aumentado su participación en el mercado del trabajo, pero no hubo un mayor involucramiento de los varones en las tareas domésticas y de cuidado. La conciliación entre la vida productiva y la reproductiva sigue siendo una responsabilidad de las familias y, dentro de ellas, de las mujeres. Casi todas las mujeres (90% versus 58% de los varones) cuidan a alguien y, en promedio, dedican a estas tareas casi el doble de horas diarias que los varones (6,4 vs. 3,4).

La discriminación de género en el mercado de trabajo adopta diferentes formas. En primer lugar, “paredes de cristal”, barreras invisibles que previenen la participación de las mujeres en los sectores económicos más dinámicos y mejor remunerados y las confinan a ramas de actividad que son una extensión de las responsabilidades de cuidado: docencia, salud, servicio doméstico, entre otras. En segundo lugar, las mujeres enfrentan un “techo de cristal” en sus carreras profesionales. Solo el 34% de los puestos directivos en las empresas argentinas están ocupados por mujeres. En el sector público nacional, solo tres de cada diez altos funcionarios (directores, subsecretarios y secretarios) son mujeres. Ellas también ocupan solo un tercio de las bancas en el Congreso, apenas lo suficiente para cumplir con la Ley de Cupo Femenino, cuyo umbral funciona más como un techo que como un piso. En este marco, es celebrable que la Cámara de Diputados de la Nación haya sancionado este jueves el proyecto de ley de paridad de género en listas electorales, que se aplicará en las elecciones de 2019.

Las paredes y los techos de cristal contribuyen fuertemente, junto con manifestaciones concretas de discriminación y acoso laboral, a la brecha salarial: las mujeres ganan 27% menos que los varones y esta distancia aumenta en algunos sectores críticos.

Las múltiples formas que asume la violencia de género llaman a una respuesta pública que se desprenda de un enfoque integral para abordar sus vínculos. La perspectiva de género debería incorporarse en todas las políticas públicas de manera transversal.

Propuestas de políticas públicas

  1. Avanzar en la implementación de un sistema integral de cuidados:
  1. Transversalizar la perspectiva de género en los servicios públicos de empleo:
  • Atender a las necesidades específicas de las mujeres.
  • Derribar estereotipos de género que contribuyen a las paredes de cristal.
  1. Medidas que contribuyan a derribar paredes y techos de cristal:
  • Establecer metas de género en los programas de formación tradicionalmente masculinos (por ejemplo: ingeniería).
  • Establecer cupos en los directorios de empresas públicas y metas para avanzar en la participación igualitaria en los puestos de alta dirección pública y privada.

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