Publicada el 03 de septiembre de 2026 en El Cronista.
A comienzos de siglo, Argentina y Brasil producían entre 65 y 67 millones de toneladas de granos al año. Un cuarto de siglo después, el país vecino obtiene una cosecha dos veces y media mayor y, sólo con su producción de soja, supera el volumen combinado de todos los granos argentinos.
La diferencia acumulada en los últimos 25 años alcanza las 1550 millones de toneladas, el equivalente a 12 cosechas récord argentinas o u$s 475.000 millones, según estima un estudio presentado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).
Los contrastes se repiten al comprar con el resto de los países de la región. En las últimas dos décadas, Uruguay multiplicó por siete su producción de granos; Paraguay, por seis; Brasil, por cinco, mientras la Argentina, por tres.
“Tenemos que crear ruralidad, desarrollar el sector agropecuario en línea con Brasil porque con Vaca Muerta no alcanza”, señaló al inicio de la presentación Luciano Laspina, titular del think tank, y alertó que “Brasil ya empezó a reducir impuestos”.

Las cuatro claves del salto brasileño
Iván Ordoñez, economista especializado en agronegocios e investigador asociado de CIPPEC destacó como primer factor al respeto de los derechos de propiedad y la posibilidad de vender la producción a valores cercanos a los precios internacionales, sin retenciones ni intervenciones equivalentes a las argentinas.

Desde comienzos de los 2000, el uso de fertilizantes por hectárea prácticamente se duplicó y el gasto en agroquímicos se multiplicó casi por seis. Los rindes brasileños de soja y maíz, originalmente inferiores a los argentinos, actualmente los superan en varias regiones.
Más producción, exportaciones y nuevas ciudades
La expansión no se limitó al sector agropecuario, reflejó Ordoñez. La mayor oferta de granos impulsó la producción de proteína animal: desde la década de 1980, Brasil multiplicó por 8,3 su producción de carne aviar, por 5,6 la porcina y por 2,4 la bovina.
Entre 1995 y 2025, mientras el PBI total brasileño aproximadamente se duplicó, el producto del agronegocio se multiplicó por 3,3. En dos de cada tres años, el sector creció más que el conjunto de la economía.
El avance modificó también el mapa exportador. El Centro-Oeste pasó de representar el 3% de las ventas externas en 2000 al 16% en 2025. Sus exportaciones por habitante saltaron de u$s 160 a u$s 3156 y su PBI per cápita ya supera en 11% al del Sudeste industrial.
“No es un derrame. El agro necesita un ecosistema para producir”, sostuvo el economista de CIPPEC. Ese entramado incluye bancos, transporte, comercios, universidades, servicios profesionales y empresas tecnológicas.

Entre 1992 y 2022, la población de las regiones agropecuarias analizadas aumentó 81%, casi tres veces el 29% registrado en el resto del país. De los 15,8 millones de habitantes adicionales, 5,3 millones llegaron por migración.
El proceso consolidó nueve grandes capitales y seis metrópolis regionales vinculadas con el agro. Además, surgieron 319 nuevas ciudades y casi 400 municipios agropecuarios crecieron por encima del promedio nacional.
Infraestructura y planificación
Ante la consulta de El Cronista sobre cómo se desarrollaron esas ciudades en materia de infraestructura, Ordoñez reconoció que Brasil todavía presenta déficits logísticos, pero destacó la complementariedad entre la inversión privada y el Estado.
“La infraestructura brasileña no es un lujo”, dijo y explicó que una estrategia para impulsar el desarrollo fue la penalización impositiva sobre la retención especulativa de terrenos urbanos – vigente desde la reforma constitucional de 1988-.

En paralelo, rutas, ferrocarriles e hidrovías acompañaron el desplazamiento de la producción hacia el interior. “La inversión privada fue altísima, pero lo que hizo el Estado fue crear condiciones para desarrollar las ciudades”, explicó.
La pobreza cayó más rápidamente en los estados protagonistas de la expansión agrícola que en el promedio brasileño, mientras crecieron las universidades. En el Centro-Oeste, los egresados de carreras vinculadas con el agro pasaron de unos 300 a alrededor de 6000 por año.
Potencial y límites de la Argentina
Si bien la diferencia de tamaño entre ambos países podría aparecer como una barrera física, Ordoñez sostuvo que Argentina todavía dispone de margen para ampliar su frontera productiva.
omo antecedente, mencionó la agriculturización de Buenos Aires y parte de Córdoba, que desplazó la ganadería hacia provincias como San Luis y Corrientes sin provocar una reducción equivalente del rodeo.
Según una estimación preliminar que CIPPEC está elaborando, existen alrededor de 55 millones de hectáreas dedicadas a ganadería extensiva y con baja producción de kilocalorías por hectárea que podrían ser potenciales tierras agrícolas.
Aun así, primero el sector debería elevar la productividad de las tierras ya cultivadas.
La lección para Vaca Muerta y la minería
El impulso que el Gobierno de Javier Milei le está otorgando al sector de energía y minería, con un régimen especial de inversión, abrió un interrogante: ¿Se puede esperar una transformación similar a la que se vio en Brasil?
Paula Szenkman, directora del programa de Desarrollo Económico de CIPPEC, aclaró que los sectores parten de situaciones diferentes.

El agro ya cuenta con productores, empresas y capacidades distribuidas en el territorio, mientras que “la minería todavía es pequeña, aunque con gran potencial”, contrastó.
El punto en común pasa por planificar el crecimiento de las ciudades, los servicios y las actividades asociadas a las inversiones.