Una discusión global que nos involucra

CIPPEC participa de la campaña “1 for 8 billion” para amplificar las voces del Sur Global en la elección de la próxima Secretaría General de Naciones Unidas. 

CIPPEC es miembro de Southern Voice, una red de centros de estudios del Sur Global que trabaja para dar mayor visibilidad a las perspectivas basadas en datos empíricos en los debates sobre el desarrollo mundial. En ese marco, CIPPEC participó de la campaña global «1 for 8 Billion», que tiene como principal objetivo reunir las voces de organizaciones de la sociedad civil para promover que el proceso de selección de la próxima Secretaría General de Naciones Unidas sea abierto, inclusivo, transparente y eficaz.  

En el marco de la campaña, se organizó un encuentro con referentas de organizaciones de la sociedad civil abocadas a la defensa de los derechos de las mujeres, para conversar sobre el proceso de selección de la Secretaría General de Naciones Unidas y sus implicancias para el Sur Global.  Verónica Baracat, oficial a cargo de ONU Mujeres Argentina; Mabel Bianco, presidenta y fundadora de FEIM y referenta con amplia experiencia en participación de la sociedad civil en ONU; y Gala Díaz Langou, ex directora ejecutiva de CIPPEC y actual directora del International Panel for Social Progress (IPSP) participaron de este debate. 

La elección se da en un contexto global desafiante, marcado por una crisis de confianza en el sistema multilateral. En este marco, cobra relevancia avanzar hacia un proceso de selección más abierto y transparente, que contemple criterios de diversidad —incluyendo la equidad de género y la representación regional— como forma de fortalecer la legitimidad y la eficacia en la gobernanza multilateral. 

¿Qué implica el proceso de selección del próximo secretario o secretaria general? 

Actualmente hay cuatro candidaturas en consideración: Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile y ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos -nominada por Brasil y México-; Rebeca Grynspan, ex vicepresidenta de Costa Rica y ex Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo -nominada por Costa Rica-; Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica -nominado por Argentina-; y Macky Sall, ex presidente de Senegal -nominado por Burundí-.  

En la designación de la Secretaría General conviven reglas formales e informales. Las candidaturas oficiales deben ser presentadas por al menos un país miembro y son consideradas por el Consejo de Seguridad, en el que los cinco miembros permanentes —China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos— tienen la facultad de vetar las candidaturas. En general, el Consejo acuerda una nominación única que luego es presentada a la Asamblea General para su aprobación final. Este esquema concentra un peso considerable en un grupo reducido de países, lo que abre preguntas sobre la apertura y representatividad del proceso. 

Por acuerdos informales de rotación regional, y considerando que en más de ocho décadas de historia del organismo no ha habido una secretaria general, existe una expectativa extendida de que quien ocupe la posición sea una mujer de América Latina. Sin embargo, estos acuerdos informales no tienen garantía de cumplimiento, y desde la sociedad civil se ha señalado que tampoco se estarían respetando plenamente las reglas formales del proceso. 

¿Cuál es la relevancia del proceso en el contexto actual? 

La selección del nuevo liderazgo de Naciones Unidas ocurre en un momento de tensión para el sistema multilateral. La capacidad de articular respuestas coordinadas ante desafíos globales —paz, seguridad, desarrollo inclusivo— enfrenta dificultades crecientes, en un escenario donde tanto los Estados miembro como la sociedad civil expresan una creciente desconexión respecto de un sistema que no siempre logra reflejar sus intereses ni garantizar su participación efectiva. 

En este contexto, también se discute la propuesta de fusionar UNFPA y ONU Mujeres. Las participantes del encuentro señalaron que esta iniciativa podría tener consecuencias concretas para las operaciones de ambas agencias en países vulnerables, especialmente en áreas como la salud sexual y reproductiva, la prevención de la violencia basada en género y la promoción de la igualdad política de las mujeres. Quien asuma la Secretaría General deberá tomar posición sobre esta fusión y definir el futuro de esos mandatos. 

¿Qué desafíos enfrenta la sociedad civil en términos de participación? 

En los últimos años, la sociedad civil ha identificado limitaciones crecientes en su capacidad de participar e incidir dentro de Naciones Unidas. Esto se manifiesta en el acceso a la información, en las oportunidades de interlocución con representantes de los Estados miembro y en la opacidad de procesos clave como el de selección de la Secretaría General. Esta tendencia profundiza la brecha entre los espacios de deliberación global y las comunidades que son sujeto de los mandatos multilaterales —en particular aquellas en situación de vulnerabilidad, que tienen escaso acceso a la información y limitadas posibilidades de incidir en estas decisiones. 

Frente a ese escenario, las organizaciones de la sociedad civil que logran participar en estos espacios tienen la oportunidad de acercar las voces de las comunidades más afectadas a los ámbitos de decisión, promover la democratización de la información y ampliar el acceso a los mecanismos de incidencia. Cerrar esa brecha es uno de los principales desafíos para quienes apuestan por un multilateralismo más representativo y efectivo. 

Como aporte a esta discusión, CIPPEC elaboró un documento que resalta la importancia de avanzar hacia procesos de selección más equitativos, incorporando una perspectiva del Sur Global. Se puede leer completo acá.