#META Transformar la educación secundaria


Transformar la educación secundaria

En una sociedad que aspira al desarrollo económico y a una distribución más justa de oportunidades, la transformación de la educación secundaria debe ser una meta estratégica.

Flyer proyecto "Meta: transformar la educación secundaria" de CIPPEC

La juventud es una etapa crítica en la vida de las personas, en la que se definen las oportunidades que tendrán en el futuro. La escuela secundaria es el último nivel educativo que transita la mayoría de los jóvenes en Argentina y esto la convierte en una institución clave para el desarrollo social y económico del país. Hoy en día, la educación secundaria no logra retener, graduar ni garantizar aprendizajes indispensables para la inserción social plena a todos ellos.

Hay tres desafíos centrales en la educación secundaria. En primer lugar, hay desafíos para lograr trayectorias exitosas. Prácticamente todos los chicos y chicas que terminan la primaria acceden hoy al nivel secundario. Sin embargo, de cada 100 estudiantes que ingresan a la secundaria, solo 45 logran egresar y solo 27 logran hacerlo en la edad correspondiente. En el camino quedan quienes repiten y, eventualmente, abandonan. Las experiencias de fracaso y frustración los marcan de por vida y sus posibilidades de acceder a empleos de calidad.

En segundo lugar, hay desafíos en relación a los aprendizajes. Entre los estudiantes que lograron llegar al último año del nivel en 2017, 7 de cada 10 no alcanzaron un nivel básico de aprendizajes en las evaluaciones estandarizadas de matemática.

El tercer desafío es la inequidad. Entre los jóvenes de 18 a 24 años del quintil de ingresos más rico, 9 de cada 10 terminó la secundaria. En el otro extremo, en el quintil más pobre solo lo logró la mitad y 9 de cada 10 no alcanzó niveles de aprendizaje satisfactorios en matemática.

La escuela secundaria se concibió hacia fines del siglo XIX para formar a las clases dirigentes: su naturaleza es excluyente. Hoy, el nivel tiene la obligación de interpelar y cuidar a todos los jóvenes, y no lo está logrando.

El camino a trayectorias y aprendizajes equitativos

Hay mucho escrito e investigado sobre las políticas que pueden transformar a la escuela secundaria en un trayecto de estas características: inclusivo y equitativo. Los cambios en su organización actual se pueden lograr con propuestas de trabajo por proyectos interdisciplinarios, mayor concentración horaria de los docentes en las mismas escuelas, reglas de promoción más flexibles, incorporación de tecnologías con sentido pedagógico, y más espacios abiertos a la participación estudiantil y de la comunidad.

Muchas provincias vienen avanzando en esta dirección. El camino a seguir consiste en apuntalar esos cambios, fortalecer su escalabilidad y proteger su continuidad ante cambios en los liderazgos políticos; e impulsarlos allí donde no los hay o son muy incipientes.

Las escuelas PROA en Córdoba, con su propuesta de integración de TIC como vehículo para acercar las culturas juveniles y las escolares, son un ejemplo. El plan virtual “Vuelvo a Estudiar” en Santa Fe, con su propuesta de Núcleos Integrados de Conocimiento como eje de un currículum interdisciplinario para la educación secundaria de jóvenes y adultos, es otro. Ambas lograron construir propuestas curriculares más afines a los intereses y expectativas de los alumnos, que les ofrecen herramientas para construir sus proyectos de vida.

Río Negro logró universalizar una propuesta que llegó a todas las escuelas. Su currículum rompe con las disciplinas compartimentadas –matemática, lengua, historia, física, química, cada una por su lado– y su régimen de aprobación de materias es cuatrimestral (en vez de anual). Todo esto habilita recorridos estudiantiles más reales y diversos, es decir, que cada estudiante según sus posibilidades y necesidades pueda transitar el nivel secundario a distinto ritmo. Además, superó una barrera administrativa y pedagógica central: la contratación docente por horas dispersas entre escuelas. En Río Negro los profesores se designan por cargo, concentrando sus horas de trabajo en una misma escuela. Para lograrlo, la provincia aumentó su presupuesto educativo. La experiencia rionegrina muestra que, con un abordaje sistémico, decisión política, liderazgo y construcción participativa, es posible idear y transformar la escuela secundaria.

Desde el nivel nacional se elaboraron lineamientos orientadores y se desplegaron estrategias de apoyo a equipos técnicos provinciales y escuelas secundarias. El Consejo Federal de Educación viene siendo el espacio privilegiado para la generación de estos acuerdos, plasmados en resoluciones fundacionales para repensar la secundaria.

El foco de la política para transformar la educación secundaria debe estar puesto en proteger la continuidad de estos avances, pero también incidir en el fortalecimiento de los roles estratégicos que es necesario asumir desde los niveles nacional y provincial.

El Estado nacional tiene el desafío de elaborar lineamientos de alta calidad que aseguren un rumbo común, y compensar las profundas desigualdades que existen entre las provincias. Desde la Nación pueden fortalecerse las acciones de desarrollo curricular con equipos de especialistas de alto nivel que elaboren materiales para todo el país. También se puede avanzar en propuestas innovadoras de organización de la formación docente que rompan con la formación por especialidad y desarrollar dispositivos de formación docente en las escuelas para apoyar a los docentes con el trabajo interdisciplinario y el acompañamiento de las trayectorias. La única forma de habilitar un trabajo con proyectos interdisciplinarios es formar docentes que estén capacitados para llevarlos adelante y garantizar que en las escuelas existan los espacios y los recursos para hacerlo. El Estado nacional también puede apoyar la mejora de la infraestructura escolar, tendiendo hacia la construcción de edificios que alojen a más estudiantes y faciliten una mayor concentración horaria docente. En la distribución de todas estas acciones deben primar criterios de justicia educativa: debe priorizarse a las jurisdicciones con indicadores más preocupantes y niveles más bajos de capacidad técnica y, dentro de cada una de ellas, a los sectores más vulnerables.

Por su parte, las provincias tienen en sus manos el desarrollo y la implementación de las propuestas en el territorio. Con la educación secundaria a su cargo, las jurisdicciones pueden avanzar mediante el desarrollo de reglas de evaluación, promoción y acreditación más abiertas a la diversidad de trayectorias, posibilidades e intereses estudiantiles; el pasaje hacia esquemas de designación docente por cargo, que habiliten instancias de trabajo en equipo y seguimiento de los recorridos estudiantiles por parte de los profesores; la implementación de dispositivos de acompañamiento a escuelas en la adopción de transformaciones curriculares que construyan y fortalezcan capacidades en los equipos docentes; mejoras en los sistemas de información para un mejor seguimiento de los recorridos que los estudiantes hacen dentro y fuera del sistema educativo; entre otras cuestiones.

Lo construido hasta el momento es la base para seguir trabajando: es tiempo de documentar y aprender sobre lo realizado. En 2019, es crucial consensuar hojas de ruta que reconozcan y valoren los caminos recorridos y que propongan las metas, los acuerdos y el presupuesto que permitan que todos los jóvenes de nuestro país accedan a una educación secundaria de calidad.

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