Transformar la educación secundaria


En una sociedad que aspira al desarrollo económico y a una distribución más justa de oportunidades, la transformación de la educación secundaria debe ser una meta estratégica. La Ley de Educación Nacional (N° 26.206) marcó un hito en este sentido: estableció la obligatoriedad del nivel. Así, comprometió al gobierno nacional y a los estados provinciales a orientar los recursos necesarios para garantizar que todos los adolescentes y jóvenes accedan y transiten la escuela secundaria, se gradúen e incorporen aprendizajes significativos. Entre 2006 y 2018, la matrícula del nivel secundario aumentó un 11% y la cantidad de jóvenes graduados creció un 39%.

Más allá de estos avances, queda aún un largo camino por recorrer. En Argentina, prácticamente todos los adolescentes que se gradúan del nivel primario ingresan al nivel secundario pero se estima que de cada 100 chicos que ingresan solo egresan 50. De esos egresados, solo 27 lo hacen en la edad correspondiente. El resto repite: una, dos o más veces. Alrededor de un 15% obtendrán su titulación en modalidades educativas para jóvenes y adultos o en programas de terminalidad educativa. Las deudas no se concentran solo en las trayectorias sino también en los aprendizajes: en 2017, 7 de cada 10 adolescentes no alcanzaron un nivel satisfactorio en matemática. En lengua, el número desciende a 4 de cada 10. En cuanto a la desigualdad, mientras que casi el 90% de los jóvenes de entre 18 y 24 años de más altos ingresos finalizó sus estudios, entre sus pares más pobres sólo lo hizo el 47%.

Es evidente que todavía hay grandes desafíos en relación a las trayectorias, a los aprendizajes y a la profunda desigualdad, tanto socioeconómica como territorial. Los años electorales son un momento privilegiado para pensar el recorrido de las políticas educativas, identificar prioridades y reflexionar sobre las acciones futuras. Este documento parte de un diagnóstico, recorre las políticas nacionales implementadas desde el 2006 para universalizar la educación secundaria de calidad y sugiere futuras líneas de acción para el debate.

La educación secundaría hoy 

Durante el periodo 2006 – 2018 la matrícula del nivel secundario creció un 11% y la cantidad de jóvenes graduados un 39%5. La proporción de adolescentes de entre 13 y 17 años escolarizados en el nivel secundario pasó del 85,5% al 90% en el mismo período. Esta expansión fue, en gran medida, el resultado de la inclusión progresiva de los adolescentes provenientes de sectores sociales históricamente excluidos. En efecto, en el año 2018, el 28% de los adolescentes que asistían al nivel era la primera generación de su familia en acceder al secundario.

En Argentina prácticamente todos los adolescentes que finalizan la primaria acceden al nivel secundario. Durante los primeros años del tránsito por la secundaria se acentúa la proporción de estudiantes que repite, y esta dificultad desencadena, en muchos casos, la interrupción de la trayectoria escolar, es decir, el abandono. La bibliografía especializada constata que la probabilidad de que los adolescentes abandonen la escuela se duplica entre quienes repitieron de año (Binstock y Cerrutti, 2005). Entre las principales causas de abandono escolar de los adolescentes entre 15 y 17 años se encuentra: el ingreso al mercado laboral (14%); las dificultades económicas para sostener la cursada (8,8%); situación de embarazo o de cuidado de algún hermano/hijo menor (11,3%). Se destaca también un grupo significativo de jóvenes (29,6%) que afirma haber abandonado la escuela “por no considerarla necesaria o por no gustarle” (UNICEF, 2016).

En cuanto a la terminalidad, durante el periodo 2006 – 2018, la cantidad de graduados creció un 39%. No obstante, la proporción de jóvenes que ingresa al nivel secundario y obtiene su título continúa siendo baja. En el año 2018, entre los jóvenes de 18 y 24 años solo el 65% completó el tramo de escolarización obligatorio. Alrededor de la mitad finalizó el nivel secundario en la educación común, el otro 15% en modalidades educativas para jóvenes y adultos o en programas de terminalidad educativa.

Reconstrucción de cohortes teóricas en grados 7 a 12. Nivel secundario, Educación Común. Argentina (2017 – 2018)

Fuente: Fundación Quántitas, sobre la base de DiNIEE-MEN (2018).

Las evaluaciones de aprendizajes (tanto las nacionales como las internacionales) alertan desde hace tiempo sobre las dificultades que encuentra el sistema educativo para lograr que los estudiantes incorporen los aprendizajes y desarrollen las competencias que contempla el currículum.

A nivel nacional, los últimos datos disponibles para el nivel secundario señalan que en el año 2017 un 68,8% de los estudiantes tuvieron un desempeño en matemática por debajo del nivel básico. En lengua esta proporción fue menor, del 37,5%. Estos datos surgen del operativo de evaluación Aprender, que durante 2016 y 2017 fue censal para los alumnos escolarizados en el último año del secundario.

En el terreno internacional, las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), muestran que los resultados de aprendizaje de los jóvenes argentinos de 15 años presentaron vaivenes entre 2000 y 2009, y cierto estancamiento en el 2012 (Rivas, 2015). Argentina participó en 5 ediciones (2000, 2006, 2009, 2012 y 2015, aunque por dificultades en la confección del marco muestral los resultados de la última prueba fueron considerados inválidos). Estas evaluaciones agrupan las respuestas en 6 niveles de desempeño. El segundo nivel es el “umbral mínimo”, es decir, expresa que el estudiante tiene un dominio básico de conocimientos fundamentales. En el operativo PISA 2012, el 66,5% de los estudiantes argentinos se encontraba por debajo de este nivel en matemática, el 53,6% en lectura y el 50,9% en ciencias (Rivas y Miorelli, 2017). En comparación con otros países de la región, el país obtuvo en 2012 resultados similares a los de Brasil y Colombia, por encima de Perú y por debajo de Chile, Costa Rica, México y Uruguay (Rivas y Miorelli, 2017).

Ahora bien, la desigualdad interpela a todas estas dimensiones. La probabilidad de que los adolescentes repitan de año, de que interrumpan su trayectoria escolar antes de finalizar el nivel así como sus posibilidades de incorporar los aprendizajes esperados no se distribuye de manera equitativa (Baquero et al, 2009). Ciertamente, mientras que casi el 90% de los jóvenes de entre 18 y 24 años de más altos ingresos finalizó sus estudios, entre sus pares más pobres sólo lo hizo el 47%. En paralelo, la diferencia entre la proporción de estudiantes que no alcanzan resultados de aprendizaje satisfactorios o avanzados entre el nivel socioeconómico alto y el bajo es de 42 puntos porcentuales en matemática, y de 41 puntos porcentuales en lengua en perjuicio de los adolescentes de sectores sociales más desfavorecidos. Estas desigualdades educativas se expresan también en el territorio. La proporción de estudiantes con rendimiento satisfactorio en las pruebas de Matemática en la jurisdicción más rica del país (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) quintuplica a la de una de las provincias más pobres (Chaco).

La persistencia de patrones de exclusión escolar y de brechas de aprendizaje asociadas al origen social y al área geográfica de residencia caracteriza al sistema educativo en su totalidad. En el marco de la obligatoriedad, cuando los atributos que portan los jóvenes se transforman en desventajas educativas queda en evidencia la dificultad de la escuela secundaria para interactuar con los estudiantes que efectivamente encuentra en sus aulas (Terigi, 2009).

Porcentaje de estudiantes con resultados por debajo del básico o básico, por nivel socioeconómico (NSE). Matemática
y Lengua, Grado 12. Aprender 2017.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de Aprender 2017, Secretaría de Evaluación Educativa (2018).

Desde la perspectiva de la organización pedagógica del nivel secundario, la impronta enciclopedista y selectiva que lo caracterizó en sus orígenes supone la transmisión fáctica y fragmentada del conocimiento. La estructura de la secundaria impide recorridos alternativos, diferentes a los previstos por el sistema educativo. En la secundaria actual, los aspectos que estructuran el régimen de permanencia, la promoción y la acreditación de conocimientos reflejan la persistencia de esta matriz disciplinar y excluyente. El vínculo entre repitencia y abandono se explica, en parte, por la exigencia de recursar la totalidad de las asignaturas (aun cuando la mayoría han sido aprobadas) en contextos en donde la política educativa establece vínculos débiles con la política social, y desconoce que para muchos estudiantes cada año de escolarización tiene un alto costo de oportunidad (Baquero et al, 2009). En cuanto a los aprendizajes, la fragmentación y organización disciplinar de los contenidos y las estrategias pedagógicas basadas en la exposición, dificultan su conexión con los saberes previos y las vivencias e intereses cotidianos de los estudiantes por fuera del ámbito escolar.

El desfasaje entre la escuela secundaria actual y las expectativas sociales depositadas en ella trasciende el entorno inmediato de socialización de los adolescentes. La Ley de Educación Nacional destaca la contribución que la educación puede hacer al desarrollo económico y social del país. Frente a este desafío, los contenidos, las estrategias y formatos de transmisión de conocimientos en los que se apoya la escuela secundaria son sistemáticamente cuestionados. ¿Cuáles son los conocimientos y las habilidades que los jóvenes necesitan para desenvolverse en la sociedad actual? En la actualidad hay que complementar los contenidos tradicionales con las nuevas demandas de conocimientos, relacionados con las habilidades interpersonales y analítico-reflexivas. El Foro Económico Mundial (World Economic Forum, 2015), por ejemplo, propone organizar los contenidos educativos en torno a seis tipos de alfabetización, cuatro competencias y seis cualidades de carácter o personalidad. En relación con los tipos de alfabetización se señala a lectoescritura, matemática, científica, tecnológica, financiera y cultural y cívica. Entre las competencias, al pensamiento crítico y resolución de problemas, creatividad, comunicación, colaboración. Por último, las seis cualidades de carácter o personalidad son: curiosidad, iniciativa, perseverancia, adaptabilidad, liderazgo y conciencia social y cultural. Son muchos los países que están incorporando esta perspectiva en el currículum.

El actual contexto impulsa el debate público sobre el aporte de los dispositivos de política educativa que caracterizan a la educación secundaria hoy: el currículum, la formación docente, la infraestructura, las iniciativas para proteger las trayectorias escolares y los mecanismos de evaluación, entre otros. Estas políticas moldean el desarrollo de las habilidades que los jóvenes requieren para participar activa y en forma crítica, en la sociedad de la que forman parte. En síntesis, la expansión de la escolarización secundaria es un logro incuestionable de las últimas décadas. Las dificultades que encuentran muchos adolescentes para transitar el nivel, incorporar aprendizajes significativos y graduarse, pone de manifiesto la magnitud y características del desafío que enfrenta la política educativa durante los próximos cuatro años.

Recomendaciones para transformar la educación secundaria 

Es un momento privilegiado para dar nuevos pasos hacia la construcción de una secundaria orientada a mejorar las trayectorias, los aprendizajes y la justicia educativa. La Ley de Educación Nacional marcó el horizonte para el diseño de las políticas educativas de nivel secundario. Con el desarrollo de normativas y políticas más específicas se ha dado un paso importante hacia su concretización.

Existe un amplio consenso entre representantes de la sociedad civil y especialistas respecto a cuáles son los problemas nodales que atraviesa este nivel educativo así como de cuáles son algunos los caminos para solucionarlos. En efecto, en los últimos años se ha avanzado mucho en la producción, sistematización y difusión de conocimiento acerca del nivel secundario que alimenta la discusión. Por otra parte, desde la sociedad civil, se han desarrollado espacios plurales de debate en torno a las diferentes prioridades para este nivel educativo.

El recorrido realizado cuenta con múltiples avances y consensos pero también con importantes desafíos. Las definiciones políticas implican establecer prioridades entre distintas alternativas, cuyos efectos solo se harán visibles si estas decisiones son sistémicas y se mantienen a lo largo del tiempo. Es necesario aprender de las iniciativas recientes para sostener y profundizar las buenas prácticas, en un contexto de importantes restricciones presupuestarias.

Las recomendaciones de este documento, reconociendo las tensiones propias del federalismo, se centran en el rol del Estado nacional y se organizan en cuatro focos de intervención:

  • La articulación federal-educativa, a través de una distribución equitativa de recursos y de sistemas de información y formación de equipos
  • La protección de las trayectorias escolares mediante un sistema integral de acompañamiento y un programa de Escuelas Secundarias Transformadoras
  • La innovación pedagógica y curricular apoyada en el fortalecimiento de Educ.ar y de los fondos nacionales para las escuelas
  • Las políticas docentes orientadas a la redefinición de las reglas de distribución de fondos salariales, la transformación de la formación inicial y continua, y la concentración horaria de su trabajo

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