Obstáculos y oportunidades para las mujeres en el mundo de las Pequeñas y Medianas Empresas

En el mundo, la masiva inserción laboral de la mujer ha sido uno de los sucesos más relevantes social y económicamente en la última mitad de siglo y Argentina no ha sido la excepción. Sin embargo, desde principios de los años 2000 la participación laboral femenina declinó y, actualmente, solo una de cada dos mujeres trabaja o busca empleo.

Aun cuando logran sortear los obstáculos e insertarse laboralmente, las mujeres registran una mayor tasa de desempleo e informalidad, se concentran en sectores menos dinámicos y en puestos de trabajo de menor jerarquía lo cual alimenta la brecha salarial entre varones y mujeres. Así, pese a los avances en la equidad de género, quedan cuentas pendientes para el goce efectivo de los derechos de las mujeres.

Un ámbito relevante para el análisis de la desigualdad de género en Argentina es el de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyME). Se estima que las PyME representan alrededor del 64% del empleo total (4 millones de puestos de trabajo) y el 99% del total de empresas activas. Sin embargo, en términos de género, la información es escasa.

Este trabajo indaga en la igualdad de género en las PyME. Para ello analiza la situación actual en relación a los determinantes para emprender, los condicionantes para la continuidad de una firma, la distribución sectorial y el uso de tecnologías por género. Se emplean diversas bases de datos, entre ellas la encuesta Future of Business compilada por Facebook en colaboración con la OCDE y el Banco Mundial, la cual abarca a compañías con presencia digital.

Los datos muestran que las mujeres están subrepresentadas en las PyME, pero que hay paridad en la participación por género en la propiedad de empresas que utilizan plataformas digitales. Varones y mujeres reportan motivos y obstáculos similares para emprender. Sobre las fuentes de capital inicial, ambos utilizan ahorros personales para comenzar la actividad, pero las mujeres declaran en mayor medida recibir apoyo de su pareja.

Las empresas de propiedad masculina tienen una mayor antigüedad. Las mujeres continúan con su emprendimiento por cuestiones de flexibilidad horaria, mientras que ellas eligen en menor medida continuar por razones de rentabilidad e ingresos y su emprendimiento suele representar un menor porcentaje de sus ingresos totales.

Sobre la distribución por rama de actividad, las mujeres se concentran en comercio, hotelería, restaurantes y en servicios comunitarios, sociales, personales y de salud. Ellos se aglutinan en comercio, hotelería y restaurantes, en servicios financieros, inmobiliarios y empresariales, y en transporte, almacenaje y comunicaciones, verificando la existencia de “paredes de cristal”. A la hora de elegir la industria, ambos resaltan la importancia de desplegar sus intereses y habilidades y conocer gente en el área. Sin embargo, ellos consideran en mayor medida que la industria les garantice ingresos en el futuro; para ellas, es más importante que las barreras de  ingreso al sector sean bajas.

Este análisis da cuenta de los fenómenos de segregación horizontal y vertical que experimentan las mujeres en el mundo PyME e impiden su pleno desarrollo profesional. Dado el rol fundamental de las PyME en la economía argentina, resulta esencial asegurar las condiciones necesarias para mitigar las desigualdades por género y promover el goce efectivo de los derechos de las mujeres en el mercado laboral.

Índice de Progreso Social del conurbano bonaerense

En los 24 partidos del Conurbano Bonaerense viven 10.894.664 personas, lo que representa el 25% de la población del país y el 64% de la población de la provincia de Buenos Aires.

Esta gran cantidad de personas convierten al conurbano en una prioridad desde el punto de vista social, económico y político. Sin embargo, a pesar de su relevancia, se sabe muy poco sobre las diferentes oportunidades y desafíos que tienen cada uno de los 24 municipios que lo componen.

Contar con información de calidad es fundamental para mejorar el diagnóstico, la formulación y el monitoreo de las políticas públicas. Más aún importante es en un territorio en el que la realidad de los municipios que lo componen es heterogénea.

Para contribuir a saldar esa deuda se conformó la Red de Progreso social, liderada por la Provincia de Buenos Aires, CIPPEC, GDFE y AVINA/IPS. El objetivo de la Red es construir el Índice de Progreso Social (IPS) a nivel municipal de la provincia de Buenos Aires.

El IPS es una herramienta que permite medir las necesidades sociales y medioambientales de los ciudadanos en un territorio. El desempeño relativo de estas unidades territoriales se mide a partir de un conjunto de indicadores reunidos en tres dimensiones (Necesidades Humanas Básicas, Fundamentos de Bienestar y Oportunidades de Progreso) y 12 componentes (gráfico 1).

Gráfico 1. Marco de Progreso Social a nivel de Indicadores

Fuente: Elaboración propia

El IPS se propone, a partir de contar con información detallada sobre estos componentes, que se pueda no sólo conocer el nivel de desarrollo relativo de los municipios, sino también mejorar la toma de decisiones de gobierno y transparentar la gestión. Además este índice puede ser utilizado como herramienta de monitoreo y seguimiento de los objetivos prioritarios, permitiendo incluso mejorar la rendición de cuentas.

Siendo una de las primeras apuestas de colaboración público-privada destinadas a generar información y un debate basado en evidencia para mejorar la gestión, este documento presenta los resultados de línea de base del progreso social para el Conurbano en su conjunto y para cada uno de los municipios que lo componen.

Conurbano bonaerense: un progreso social desparejo y con desafíos

Progreso social es la capacidad de una sociedad de satisfacer las necesidades humanas fundamentales de sus ciudadanos, de establecer cimientos que permitan mejorar y mantener la calidad de vida de sus ciudadanos y comunidades, y de crear las condiciones para que todos los individuos alcancen su pleno potencial.

El estudio realizado por la Red de Progreso Social concluye que el conurbano presenta un nivel medio de progreso social (tabla I). El conurbano alcanza los 47 puntos sobre una escala de 100 posibles, evidenciando que todavía existen desafíos importantes en materia de desarrollo. Además, el conurbano muestra niveles similares de desarrollo por dimensión: 49 puntos para la dimensión Necesidades Básicas Humanas, 48 puntos para la dimensión Fundamentos de Bienestar y 42 puntos para la dimensión Oportunidades.

Tabla I. Resultados agregados por dimensión

Nota: Valores municipales agregados utilizando la ponderación poblacional
Fuente: Elaboración propia

Si hay algo que caracteriza al Conurbano es su diversidad y el IPS permite ver claramente esta característica. El nivel de progreso social de los municipios es muy dispar. La diferencia entre los dos extremos de la distribución alcanza los 25 puntos; 42% de los municipios presentan un índice agregado mayor al promedio para el Conurbano, mientras que 50% se encuentra por debajo de este promedio.

Si se ordenan los municipios según el nivel de progreso social, los municipios con mayor desarrollo son: Vicente López, San Isidro, Morón, Avellaneda, San Fernando y Tres de Febrero. En la otra punta de la distribución se encuentran: Almirante Brown, Malvinas Argentinas, Esteban Echeverría, Merlo y José C. Paz.

La distribución de los puntajes por municipio refleja la existencia de realidades muy diversas dentro del Conurbano, existiendo brechas de desarrollo que se corresponden con los procesos de urbanización y la focalización de la pobreza estructural.

Las diferencias dentro del Conurbano quedan claramente a la vista en el gráfico 2, que se generó utilizando los datos del IPS agregado y sus tres dimensiones2. A partir de este análisis se construyen cuatro grupos: el primero compuesto por tres municipios con alto nivel de progreso social, un segundo grupo con 8 municipios con niveles medios altos de progreso, el tercer grupo con 7 municipios de nivel medio bajo y un grupo final de 6 municipios con bajos niveles de progreso social.

Gráfico 2. Agrupamiento de los municipios según progreso social

Nota: Agrupamiento realizado utilizando análisis de cluster a partir de los resultados del IPS y sus 3 dimensiones
Fuente: Elaboración propia

Del análisis del IPS se desprende que la ubicación de municipio está correlacionada con el nivel de progreso social. Los municipios del 1er cordón del conurbano tienen en promedio 9 puntos más en el IPS que los municipios del 2do cordón,

siendo esta diferencia estadísticamente significativa. De esta manera los municipios del 1er cordón solo se ubican en las dos categorías más altas de desarrollo.

Pero mientras las diferencias entre los anillos del Conurbano son significativas, no parece observarse el mismo patrón al agrupar los municipios según su ubicación geográfica respecto a la Ciudad de Buenos Aires. La creencia popular sostiene que el norte del Conurbano es rico y desarrollado. Sin embargo la evidencia muestra que esta creencia no se sostiene en los datos, en tanto las dos puntas de la distribución del IPS se ubican en el norte.

Un abordaje inter-jurisdisccional

Sin información de calidad es difícil identificar los problemas que afectan a la población y diseñar políticas públicas adecuadas para impulsar el desarrollo. El Índice de Progreso Social busca aportar evidencia estandarizada que facilite la identificación de los principales desafíos que enfrentan cada uno de los municipios.

Esta medición del IPS representa la línea de base de desarrollo social del Conurbano. La continuidad en el tiempo y la institucionalización de esta herramienta de monitoreo podría mejorar tanto la gestión del gobierno como la rendición de cuentas a la ciudadanía. Complementando estos datos con evaluaciones de procesos, resultado e impactos se podrían extraer aprendizajes para alcanzar más rápidamente las metas de progreso social.

La mirada general sobre el progreso social que brinda el índice es sumamente valiosa, pero más aún es la relevancia de la información disponible a nivel de componente. Ahí quedan expuestos los principales desafíos que tienen cada uno de los municipios, como así también sus principales fortalezas. Los datos del IPS pueden entonces contribuir a generar un dialogo informado, aportando evidencia a las instancias de gobernanza metropolitana. Los resultados del IPS sugieren que todos los municipios tienen buenas prácticas y aprendizajes que pueden transferir, mientras se nutren de las experiencias exitosas para aprovechar de manera más eficiente los recursos y alcanzar mejoras sociales más rápidamente.

En los últimos 30 años el Conurbano experimentó un gran crecimiento poblacional, generando nuevos desafíos en materia productiva, ambiental y de desarrollo urbano. Este crecimiento rápido del área metropolitana no fue acompañado por una ampliación de los servicios públicos y de infraestructura, derivando en las brechas de progreso social que se observan en este informe. Tampoco fue acompañado por una gestión articulada del área metropolitana. A pesar del peso que posee este conjunto de 24 partidos en términos sociales, políticos y económicos, el conurbano no posee ninguna estructura político-administrativa o legal que centralice la implementación de políticas públicas. Por el contrario, intervienen con mayor o menor grado de coordinación el gobierno nacional, el de la ciudad de Buenos Aires, el provincial y el de los municipios que lo componen, produciendo como resultado la ausencia de una mirada integral sobre las distintas problemáticas de este territorio. En este sentido, la arquitectura político administrativa (nación, provincia y municipios) y los distintos abordajes sectoriales constituyen una barrera importante para la coordinación (vertical y horizontal) de políticas públicas necesarios para poder abordar las problemáticas y las desigualdades que afectan al Conurbano Bonaerense.

Los desafíos que señala el IPS son en su mayoría de carácter inter-jurisdiccional y deben por lo tanto ser abordados de manera coordinada por los tres niveles de gobierno que operan sobre este territorio. Los cambios profundos y sustantivos para mejorar el progreso social y la equidad en el Conurbano requieren de una articulación metropolitana. Solo si se logra reducir la fragmentación de las intervenciones se podrá avanzar hacia un desarrollo integrado que preste soluciones efectivas y sostenibles en todos los aspectos críticos que mide el índice.

Plan de Metas Evaluables 2018 – 2019. Ministerio de Gobierno de la provincia de San Juan 

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The economic case for reducing gender gaps in the labour market

Female labour force participation rate remains 27 percentage points lower than male. According to the 2017 World Economic Forum’s Global Gender Gap Report, if the current trend continues it could take another 100 years to close the overall global gender gap. Still, closing participation rates is just the first stepping stone to achieving a more egalitarian labour market. Women also face severe segregation, both occupationally and vertically. This means that, while some occupations are considered ‘female’, such as domestic service; others have very low female participation, as it is the case of Science, Technology, Engineering and Mathematical fields, and that women’s participation declines as one climbs up the career ladder.

Additionally, women earn, on average, less than men do and they carry out a heavier burden of unpaid work.

This paper seeks to make the case that reducing gender inequality is not just a human right but also a human development and economic concern. In fact, we present some findings that help to argue that closing gender gaps is beneficial not just from a macroeconomic perspective but also at the micro level, as it has proved to be more profitable for companies.

McKinsey Global Institute (2015) affirms that if female labour force participation were equal to men’s, this could input an extra $28 trillion into the annual global GDP by 2025, compared to a ‘business-as-usual’ (BAU) scenario (in which gender gaps remain unchanged). More strikingly, GDP under the scenario in which women participate in the same way men do ―the ‘full potential’ scenario― could be up to 60% higher than GDP under the BAU scenario. This is most significant in emerging economies since gaps between men and women are widest. Besides, another benefit of closing gender gaps for emerging and developing regions is the positive effect that it can have on both current and future poverty reduction rates (Sinha et al., 2007).

At the company level, the International Finance Corporation (2015) has found that better employment opportunities for women can contribute to increased profitability and productivity, and other studies, such as that of Credit Suisse Research Institute (2014), argue that higher female participation in boards or managerial positions within a firm positively impacts on their performance. Furthermore, fostering female participation seems to also translate into higher employee productivity, since Cuberes & Teignier‐Baqué (2011b) estimate that male-dominated industries in many developing countries could increase their productivity between 3% and 25% simply by increasing female labour force participation.

Moreover, we review existing policies that aim ―or have the potential ―to tackle these problems in order to contribute to the design of policies that can bridge gender gaps. While some policies have a long-term goal of deconstructing cultural beliefs which cause gender inequality and the sexual division of labour, others have more specific and short-term goals to increase female labour force participation.

¿Cómo crecen las ciudades Argentinas? Estudio de la expansión urbana de los 33 grandes aglomerados

Las ciudades se han convertido en las últimas décadas en el escenario de los grandes desafíos del siglo XXI: el cambio climático, las nuevas tecnologías, la gobernanza metropolitana y la desigualdad, son aspectos que tienen consecuencias palpables en los espacios urbanos. La expansión acelerada de los grandes aglomerados urbanos es una problemática de escala mundial que acentúa esos desafíos y a la cual las ciudades argentinas no escapan. En este contexto, el Programa de Ciudades de CIPPEC se ha propuesto estudiar el modo en que crecen las ciudades con el fin de evidenciar de la manera más simple posible sus potenciales consecuencias e intentar guiar nuevas formas de planificación urbana que incentiven un crecimiento más deseable de los grandes aglomerados urbanos argentinos.

El diagnóstico general que puede hacerse a partir de los resultados que se presentan en este libro es contundente: las ciudades argentinas no están creciendo de manera sustentable, consumiendo mucho suelo en relación con sus propios incrementos poblacionales. Si bien este enunciado goza de un consenso bastante amplio -sobre todo en los ámbitos académicos- en este caso se lo sostiene con la evidencia empírica proporcionada por los datos obtenidos en base a un extenso trabajo realizado desde el Laboratorio Urbano Digital (LUD) de CIPPEC. Se trata de un puntilloso método, el cual, a través de la lectura de imágenes satelitales, procura identificar el ritmo y el tipo de crecimiento en la expansión de los grandes aglomerados urbanos del país. Dicho trabajo es acompañado de un análisis de la dinámica poblacional, que surge de los datos proporcionados por los Censos de Población, Hogares y Vivienda del Indec correspondientes con los años 1991, 2001 y 2010.

Cabe destacar que, al tratarse de un estudio que abarca una década (2006-2016) y áreas metropolitanas que trascienden fronteras jurisdiccionales, los resultados del análisis así como también las recomendaciones volcadas en este documento abarcan a más de una gestión nacional, en todas las provincias e incluyendo a todos los municipios dentro de los 33 grandes aglomerados urbanos argentinos. Se trata entonces más de una radiografía de cómo crecen las ciudades que de una o varias gestiones en particular.

Las consecuencias de las formas de crecimiento que propugnan patrones de alto consumo de suelo y replican ocupaciones de baja densidad, afectan negativamente a las dinámicas urbanas, dado que, en tanto la ciudad no densifica sus tejidos, la consecuencia directa de ello es la expansión con bajas densidades, la segregación social y la proliferación de vacíos urbanos, hecho que conlleva costos más altos debido al incremento de las inversiones que hacen al funcionamiento de la ciudad, la provisión de servicios en territorios cada vez más amplios y los traslados de la población hacia los centros urbanos mediante transporte público que tienden a la ineficiencia o, peor aún, por medio del automóvil particular, con su impacto nocivo sobre los sistemas de movilidad y las emisiones de CO2 que promueve. Además, mientras la ciudad no es plausible de consolidarse debido a la inviabilidad y los costos excesivos, la única forma que tiene de crecer ante la ausencia de lógicas de densificación es mediante el derrame por expansión, lo cual que genera nuevos enclaves de urbanización, tanto privados (barrios cerrados), públicos (vivienda planificada) como autogestivos (asentamientos informales).

Por el contrario, tal como señala la Nueva Agenda Urbana, firmada en Quito durante la Tercera Conferencia Mundial de Hábitat y Desarrollo Sostenible dos años atrás, los beneficios de una ciudad compacta se centran en las posibilidades de accesibilidad y proximidad entre las actividades urbanas que la comunidad lleva a cabo. Cuantas mayores sean las alternativas de los vínculos productivos e intercambios sociales, más eficiente resultará el funcionamiento de ese espacio urbano, y mayores serán los desafíos desde la gestión pública para alcanzar y mantener dichos estándares.

Una ciudad extensa tiene también consecuencias severas en los aspectos socioambientales ya que afecta al cinturón agrícola que la rodea y le provee sus alimentos a un costo más bajo, dada su proximidad a los mercados de consumo. La expansión urbana se realiza además sobre tierras que a menudo cumplen funciones ambientales importantes, como humedales, recargas de acuíferos y reservas de biodiversidad ecológica.

Es primordial entonces modificar este patrón de expansión también para reducir los efectos del cambio climático en las ciudades, principalmente las inundaciones, y cumplir con las recomendaciones del Acuerdo de París acerca de reducir las emisiones de CO2 y generar espacios urbanos más resilientes. No menos importante es el impacto que la expansión acelerada acarrea en el manejo de los vínculos entre jurisdicciones. Las áreas urbanas que surgen durante el proceso de expansión forman un continuo con la mancha urbana original que trasciende los límites administrativos y que conlleva nuevos desafíos en torno a la gobernanza metropolitana. A la vez, la poca viabilidad de concretar obras de consolidación como consecuencia del crecimiento por derrame produce suburbios sin infraestructuras, con escasos servicios y equipamientos.

En suma, para alcanzar el desarrollo de ciudades más equitativas, resilientes y con una gestión del territorio inteligente y eficaz, se deben implementar estrategias para mitigar el impacto de la expansión de los tejidos de baja densidad. Transformar los dispositivos de la planificación urbana y el alcance de las políticas públicas en las ciudades resulta fundamental para confluir en marcos que promuevan el desarrollo urbano equilibrado e integral.