Las políticas educativas en tiempos de pandemia

Publicado el 20 de marzo 

Esta semana empezamos a vislumbrar los efectos del COVID-19 sobre la educación. Además de la evidente crisis de salud, estamos frente a una emergencia educativa global. Esta situación -sin precedentes en la historía reciente- requiere de atención inmediata pero con una mirada de mediano y largo plazo.

En 20 días la interrupción de la escolarización pasó de afectar a 300 millones de estudiantes de 4 países a 1.300 millones en 124 paises. El primero de marzo las medidas impactaban a un 17% de la población de alumnos mundial, hoy al 73% (UNESCO). Hace solo un mes los colegios estaban temporalmente cerrados en Mongolia y algunas regiones de China, afectando solo a un millón de estudiantes. La velocidad y la escala de este fenómeno es preocupante, y no parece revertirse en dos o tres semanas.

Estas nuevas condiciones ponen en jaque el derecho a la educación. Como garantes y protectores de este derecho, los estados deben actuar, rápido. Se requieren estrategias que permitan continuar los procesos de enseñanza-aprendizaje en el hogar. Los docentes son actores claves. Son los únicos capaces de articular y dar coherencia a un número infinito, disperso y atomizado de herramientas digitales que circulan como soluciones (plataformas, programas de radio y televisión, aplicaciones, videos). La desigual distribución de la conexión y de los dispositivos digitales así como la diversa formación de alumnos y docentes genera fuertes desigualdades para hacer efectivas estas herramientas. Los recursos y el acompañamiento debe ser diferenciado, priorizando a las zonas y a las poblaciones más vulnerables.

Para responder a esta emergencia es indispensable la articulación política en, al menos, dos niveles. A nivel global es fundamental el rol de los organismos internacionales para advertir y garantizar el apoyo a los países que más lo necesitan. También potencian que se compartan y se multipliquen las experiencias que funcionan. A nivel nacional, las acciones educativas deben coordinarse con una mirada atenta a la intersectorialidad (alimentación, salud, seguridad, apoyo) y a la coordinación entre distintos niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal).

En la Argentina 10 millones de estudiantes dejaron de asistir a clases esta semana. El ministerio de Educación Nacional atendió esta situación de manera eficaz. Está articulando sus acciones junto a otros ministerios nacionales (salud, desarrollo social, etc.) y con las carteras educativas de las 24 jurisdicciones provinciales. Activó también acuerdos con las empresas TICS para garantizar el alcance de las propuetas a todos los estudiantes. Trabajando contra-reloj, lanzó y sigue nutriendo progresivamente la plataforma Seguimos Educando, que busca acercar y actualizar recursos gratuitos a alumnos y docentes.

Sabemos que tanto a nivel global como nacional, la inacción y/o descoordinación política afectará de manera desproporcionada a los grupos más vulnerables, profundizando aún más las inequidades e injusticias existentes. Los primeros pasos deben responder a esta nueva coyuntura pero sin perder de vista el mediano y largo plazo. Este es el comienzo de un desafío que se profundizará en los próximos días, son los primeros 1000 metros de una larga maratón.

Autor


Alejandra Cardini

Directora de Educación

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