Informe sobre el estado de la Nación. Explicar, medir y orientar.

Publicado en febrero de 2022

La Constitución Nacional impone al presidente la responsabilidad de presentar, ante la asamblea legislativa, la memoria detallada del estado de la Nación el día de la apertura de sesiones ordinarias. En este informe el Gobierno presenta los resultados alcanzados en el año que terminó y propone reformas y políticas a implementar en el que comienza. 

Dejando a un lado todo el color y calor político de esta jornada, ¿por qué tenemos que poner atención a este informe?:

  1. Es un acto de rendición de cuentas del Poder Ejecutivo hacia el Poder Legislativo.
  2. Representa una oportunidad para informar a la ciudadanía. 
  3. Es un recurso para establecer un posicionamiento político, marcar el tono del gobierno en cuanto al contenido y objetivo de las políticas públicas.
  4. Transmite las prioridades de gestión para el año que inicia.
  5. Aumenta la transparencia y la confianza en la democracia.

Un informe que explique, mida y oriente la gestión de gobierno necesita contar con tres elementos estratégicos: un lenguaje claro que permita a la mayor parte de la ciudadanía entenderlo; un plan de gobierno que ordene el argumento del presidente o la presidenta; y, por último, el uso de indicadores de calidad, como datos abiertos y estadísticas, que sean testimonio de una rendición de cuentas basada en evidencia.

 

Un informe accesible a la ciudadanía

Aquello que se explica, mide y brinda orientación estratégica tiene que poder ser procesado por un público más amplio que el que está presente en la Asamblea Legislativa. El lenguaje empleado en el informe sobre el estado de la Nación puede ser una barrera o un puente para la ciudadanía. 

Si bien un lenguaje claro implica diversos aspectos que hacen a la estructura y estilo del texto, un punto de partida es analizar la facilidad para leerlo, según el largo y la cantidad de palabras y oraciones utilizadas. Para poder dar cuenta de cuán legibles son los informes sobre el estado de la Nación, los analizamos desde la apertura de sesiones ordinarias de 1995 hasta la de 2022, utilizando la escala INFLESZ. Ésta puntúa los textos con una fórmula en base a la cantidad de sílabas, la cantidad de palabras por oración, y la cantidad de oraciones, y luego según el puntaje que obtengan se clasifican entre las siguientes categorías: “Muy difícil” (puntajes menores a 40), “Algo difícil”(puntajes entre 40 y 55), “Normal”(entre 55 y 65), “Bastante fácil” (entre 66 y 80) y “Muy fácil” (mayores a 81).

Fuente: elaboración propia en base a los informes del Estado de la Nación.

Cada una de las categorías está relacionada con la estructura de distintos tipos de documentos. La  categoría “Muy difícil” refiere a textos y discursos científicos o universitarios, es decir que requieren cierta especialización y formación del receptor para comprenderlo. La categoría “Algo difícil” refiere a un nivel de complejidad de textos propio de la prensa especializada, divulgación científica o de nivel de enseñanza media. La categoría “Normal” representa un nivel de complejidad habitual en  publicaciones como, por ejemplo, las de la prensa deportiva. La categoría “Bastante fácil” alude a textos con una complejidad de nivel primario, prensa de espectáculos. Finalmente, la categoría “Muy fácil” refiere a textos o discursos de nivel primario. 

Hacer un informe realmente accesible para gran parte de la ciudadanía implica usar,  en la medida de lo posible, oraciones cortas y palabras simples. Por lo tanto, consideramos que aspirar a textos que clasifiquen como de legibilidad “Normal” es razonable y asequible. El estado de la Nación tiene cierto nivel de complejidad que difícilmente pueda transmitirse con categorías de una comprensión más fácil. En el periodo 1995-2022, el 54% de los informes tuvo un grado de complejidad “Algo difícil”, mientras que el 43% tuvo una complejidad “Normal”. Apenas un informe resultó “Bastante fácil”. Esto significa que menos de la mitad de los informes desde 1995 tuvieron un nivel de accesibilidad para un público general.

 

Un informe estructurado en un plan de gobierno

Contar con un plan de gobierno implica definir objetivos a partir de los cuales establecer cursos de acción para alcanzarlos. Al mismo tiempo, requiere elaborar una estrategia de monitoreo y evaluación que permita conocer el desempeño y los resultados de la acción de gobierno. La posibilidad de utilizar este plan como estructurador del informe del estado de la Nación, e incluso poder compararlo con lo reportado en informes anteriores, mejora la rendición de cuentas y, por ende, contribuye a la transparencia en la gestión de gobierno.

Sin un marco de esta naturaleza, los informes del presidente o la presidenta al Congreso no tienen una plataforma precisa ni metas establecidas y difundidas previamente, al margen de las promesas de campaña y las propuestas realizadas en informes anteriores. Argentina es uno de los pocos países de América Latina y el Caribe (junto con Granada, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y Suriname) que no cuenta con un órgano rector en materia de planificación del desarrollo

 

Un informe basado en datos

Con plan de gobierno o sin él, el insumo fundamental del que se valen los informes son los indicadores: datos cualitativos o cuantitativos que permiten medir de manera rigurosa y confiable los logros o no de una intervención pública. Desde 1995 en ellos se utilizaron 1710 indicadores para informar sobre el estado de la Nación, un promedio aproximado de 63 indicadores por informe. Sin embargo, el uso de indicadores ha sido muy variado según las presidencias. Por ejemplo, Carlos Menem utilizó, entre 1995 y 1999, 107 indicadores; mientras que Néstor Kirchner, en el periodo 2004-2007, presentó 481 indicadores. 

Más allá de la diversidad en el uso de indicadores que cada presidente o presidenta haya presentado en sus informes, en promedio, se registró para el periodo 1995-2018 un mayor uso de indicadores que dan cuenta de la realización de actividades y productos por sobre los que exponen resultados e impactos. Esto implica que los informes suelen enfocarse en el corto plazo: “…el uso de datos sobre ‘la cocina’ de la acción gubernamental da a los informes un carácter más cercano a la gestión cotidiana que a las transformaciones de mediano y largo plazo que se esperan alcanzar…”. Sin embargo, mostrar con indicadores resultados concretos de las políticas permitiría, en caso de contar con un plan de gobierno, una rendición de cuentas de calidad asociada a los objetivos allí planteados. En ambos casos, es fundamental mantener y reforzar el uso de datos en los informes para una mejor rendición de cuentas. 

Cantidad de indicadores utilizados por año (1995-2021)

Fuente: elaboración propia.

 

Un informe del estado de la Nación para la rendición de cuentas 

En suma, el uso de un lenguaje claro que permita que una audiencia mayor acceda al informe sobre estado de la Nación, desarrollar un plan de gobierno que permita informar sobre el foco estratégico de la gestión y, por último, contar con indicadores de calidad que otorguen evidencia robusta al informe, facilitaría y fomentaría la rendición de cuentas del Poder Ejecutivo hacia el Poder Legislativo y la ciudadanía. Cuanta más gente pueda comprender el informe, mayores serán las herramientas para evaluar las acciones del gobierno presentadas en el mismo. En la medida en que tanto quienes legislan como la ciudadanía puedan juzgar mejor esas acciones en función de metas establecidas por el propio gobierno, más fácil será exigir y estimular nuevas o mejores cursos de acción en el futuro. 

Autores


Emiliano Arena

Coordinador de Monitoreo y Evaluación

Lucía De Zan

Analista de Monitoreo y Evaluación

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