La escuela secundaria necesita cambios profundos, que requieren consensos

La escuela secundaria necesita cambios profundos. Su matriz selectiva y enciclopédica fue diseñada para unos pocos, a diferencia de la primaria que fue concebida para todos. Su formato tradicional se basó en muchas disciplinas, profesores y exámenes: un régimen meritocrático donde el fracaso dependía de las posibilidades de los alumnos.

Este modelo fue cambiando con los años. Se amplió su frontera a los sectores populares, se conquistó como un derecho universal en las leyes, se esparcieron ideas de inclusión que en algunos casos se tradujeron en prácticas pedagógicas. Pero esto no alcanza. Los alumnos viven una experiencia de aprendizaje fragmentaria, desligada de la vida real, superficial y memorística. Por eso se debate la renovación de la escuela secundaria. En su traducción política esto tiene cuatro grandes estaciones.

Primero: destrabar. Crear la unidad escuela con docentes de tiempo completo, conectividad a internet, menor carga administrativa y buenos sistemas de gestión para prevenir el ausentismo. Segundo: potenciar. Hay que sistematizar, validar, reconocer y comunicar las experiencias destacadas de las escuelas. Los docentes podrían tener una carrera profesional que les dé puntaje por su producción de guías y proyectos de enseñanza. Tercero: rediseñar el aprendizaje. El bastión más complejo es llegar a las pedagogías a gran escala. Esto requiere combinar materiales de gran calidad, una plataforma digital con proyectos para trabajar en las aulas, apoyo por escuela y redes de directivos y supervisores. Cuarto: formar. Hay que redefinir el trabajo docente del siglo XXI desde la raíz de los institutos formadores, con uso de la tecnología, prácticas innovadoras con sentido y visión de justicia social.

Para avanzar en las dos primeras estaciones se requiere un período de crecimiento económico y gestiones ordenadas, bien lideradas y con sentido común para dar coherencia y hacer uso de lo bueno que ocurre en el sistema. No es poca cosa. Ir en camino de las estaciones 3 y 4 requiere una muy clara visión pedagógica, una teoría de su incorporación en las prácticas, conocimiento de la cultura institucional en los contextos reales del sistema y lecciones de reformas logradas en otros sistemas.

Cuanto más profundas sean las reformas educativas más consensos requieren. Hay que traducir ideas complejas a prácticas muy concretas creando una visión renovadora transitable a la escala completa de un sistema. Eso requiere liderazgos, recursos y, sobre todo, tiempo y retroalimentación. No hay dudas que tenemos que llegar a las estaciones 3 y 4. Para hacerlo hay que comenzar por formar grandes equipos estables en los ministerios, consolidar materiales y capacitaciones de calidad, aprender de las buenas prácticas, dialogar y avanzar con las escuelas. Ese camino es largo y puede ser transitado sin grandes conflictos.

En las escuelas también es necesario dar los debates por la misión, el sentido y las prácticas. Caer en la resistencia sin todavía una línea clara de políticas puede anular la reflexión crítica, la fase propositiva donde los estudiantes pueden repensar el sistema desde adentro. ¿Qué escuela sueñan? ¿Cómo evitar caer en la protección de un orden conservador que excluyó a los sectores populares y diseñó una experiencia de aprendizaje forzada? ¿Cómo unir las voces de una nueva visión de la enseñanza y el aprendizaje que deje atrás la reproducción de las desigualdades y la expulsión del deseo de aprender de las aulas?

Autor


Axel Rivas

Investigador principal de Educación

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