El objetivo exportador debe formar parte del proyecto nacional a través de metas de exportación

No hay un vínculo estrecho y explorado entre exportaciones y felicidad, pero tampoco es una asociación libre azarosa. Veamos. El razonamiento es el siguiente: Argentina es un país que consume (y no poco). Tanto el Estado como los privados gastan y mucho.

El primero, para financiar los servicios públicos y las prestaciones sociales, cuya demanda es infinita anualmente y, los segundos, porque tienen pautas y ambiciones de consumo elevadas. Por eso, hay un déficit de cuenta corriente en la zona de US$ 30.000 millones, es decir, la friolera de 5% del PIB.

Y, sobre todo, porque exporta poco. El 2018 cerrará, con suerte, en la zona de US$ 60.000-70.000 millones. Muy poco. Apenas 10% del PIB. En criollo, consume más de lo que produce.

Por eso, para mantener esa felicidad o, cuanto menos, ese contrato social tácito (y evitar ajustar hacia abajo empeorando prestaciones o limitando consumos), hace falta exportar más porque el préstamo del FMI se puede pedir una sola vez.

“Hay poca producción transable y mucha demanda transable”, resumió, ayer, Martín Rapetti (Director de Desarrollo Económico de CIPPEC) en un encuentro con medios, entre ellos, El Economista, en la sede del prestigioso think-tank. “Tenemos que aumentar la oferta exportadora”, dijo. Los países con ingresos per capita más altos son los que exportan más, añadió. “Además, no hay que apostar solo a lo primario porque no somos tan ricos como se cree”, dijo, citando fuentes del Banco Mundial. “No somos Australia ni un emirato árabe”. Amplió: “Y la industria es parte de la solución, no del problema”. Rapetti también ponderó positivamente a los Servicios Basados en Conocimiento (SBC), que ya asoman como un complejo exportador relevante. “La salida es exportar más. Vamos a producir informes sobre eso y queremos que sea un tema en la próxima campaña presidencial”, acotó.

El tipo de cambio (y su nivel) es clave, dice Rapetti. Un tema sobre el que ha escrito acabadamente junto a Pablo Gerchunoff. “El dólar a $30 no es un nivel de tipo de cambio excesivamente alto”, señaló Rapetti. “Aunque estamos cerca del equilibrio”.

Sin embargo, algunos de sus colegas suyos “ajustan” ese dato con la presión impositiva, que subió fuerte en los 2000 y hace que sea necesario un tipo de cambio aún mayor. Se verá en los próximos meses si el nuevo dólar será suficiente para reactivar las exportaciones. O solo operó para ajustar para abajo las importaciones. Nada menos que la felicidad está en juego.

Además del tipo de cambio, el objetivo exportador, expresó Rapetti, “debe formar parte del proyecto nacional” y sugirió que se implementen metas de exportación, como las fiscales o las de inflación. “Así se desarrolló el sudeste de Asia”. Con subsidios, exenciones y estímulos y un norte exportador compartido por todos. Por último, Rapetti reconoció que la poda de los reintegros, anunciada días atrás, no fue una medida alentadora en ese sentido, pero explicó, como atenuante, que “hoy hay una urgencia fiscal y están todos calculando si alcanza la plata para 2019”.

Fuente: El Economista

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Martín Rapetti

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