La jornada escolar extendida puede mejorar los aprendizajes y debe priorizarse en los sectores vulnerables

Pocas cosas tienen tanto consenso en el mundo educativo como la necesidad de extender la jornada escolar para los alumnos de la primaria. Cuatro horas por día, hoy, no parecen suficientes para todo lo que tienen que aprender los chicos, desde los contenidos mínimos en Matemática o Lengua, hasta los procesos de socialización, el razonamiento científico, el arte, la educación física o un segundo idioma. Esta necesidad es más urgente para los chicos de los sectores vulnerables que por fuera de la escuela tienen poco acceso a espacios alternativos de formación.

Hay tanto consenso en torno a estas ideas que la ley de Educación vigente (de 2005) establece que los chicos de la primaria pública tienen el derecho a una jornada escolar extendida (más de 4 horas). Y una posterior ley le puso metas: se debía llegar al 30% en 2010, “priorizando los sectores sociales desfavorecidos”. El actual gobierno llegó en 2015 con la propuesta de resolver este déficit, que debe implementar cada provincia.

Pero así como necesario, extender la jornada también es muy costoso (se requieren nuevas escuelas y cargos docentes) y difícil de implementar. Por eso, pasan los años y la mayoría de los chicos argentinos sigue yendo sólo cuatro horas a las escuela.

El nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) muestra eso: hoy sólo el 9% de los chicos escolarizados de 6 a 12 años van a una escuela con jornada extendida. La proporción varió muy poco desde 2010 hasta ahora, indica el estudio, que agrega que 14,5% de los alumnos de escuelas privadas van a jornada extendida, pero de las estatales apenas el 7,2%.

Hay otros datos preocupantes: la jornada extendida llega menos a los chicos más pobres, que son los que más la necesitan: en las familias de sectores “medios altos” alcanza al 18,2%, pero en el sector bajo al 4,7%. Sólo es “muy elevada” en la Ciudad de Buenos Aires (38,6%). Además, se concentra en familias cuyos padres son profesionales (39,2%). De los hijos de obreros solo va un 4,9%.

La jornada extendida es vista por los expertos como una de las herramientas más potentes para mejorar los aprendizajes y disminuir el abandono. También para combatir la desigualdad educativa. “Es una política con mucho potencial para mejorar las trayectorias y aprendizajes de los niños y debería priorizarse en los sectores más vulnerables”, dice Alejandra Cardini, directora de Educación de CIPPEC. Pero cuesta avanzar.

“Estamos muy lejos de las metas y se advierte que no hay avances. Hoy lo que brinda la escuela primaria es insuficiente para los chicos pobres”, le dijo a Clarín Ianina Tuñón, coordinadora del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

Las cifras oficiales también muestran el déficit, aunque son menos pesimistas. De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Educación, el 14,5% de los alumnos de las primarias argentinas van a jornada extendida: 14,4% en las escuelas estatales y 14,9% en las privadas.

“A más de 10 años de las metas, la deuda es clara. No se cumplen por distintas complejidades del sistema: falta de infraestructura escolar, de planta docente, dificultades vinculadas con la estructura de financiamiento educativo argentino y las diferencias de la coparticipación federal de impuestos por habitante”, dijeron desde Educar 2050.

Cardini tiene una mirada distinta. “Si bien todavía queda un largo camino para alcanzar los objetivos legales planteados, los datos oficiales muestran interesantes avances. En los últimos años, la jornada extendida tuvo un proceso de expansión sostenido. Entre 2010 y 2016, la cantidad de alumnos de primaria con extensión horaria llegó a duplicarse, pasando de 7,9% a 14,5%. El sector estatal creció más que el privado. Ahora ambos sectores cuentan con la misma proporción de alumnos en esta modalidad”, le dijo a Clarín.

La especialista afirma que hubo políticas en distintas jurisdicciones estos últimos años -como Ciudad, Provincia, Córdoba, Mendoza y Río Negro-, que “sería muy raro que no se vieran reflejadas en las estadísticas”.

La Ciudad, por ejemplo, en 2016 comenzó a implementar –en forma gradual- la extensión horaria para chicos de 6° y 7° grado de las primarias estatales y 1° y 2° año de las secundarias, con el objetivo de fortalecer el pasaje entre los dos niveles y reducir la deserción en los primeros años de la escuela media. “Incorporamos diferentes herramientas de aprendizaje y experiencias educativas alternativas”, dicen desde la Ciudad.

Pero, si bien hubo experiencias en provincias, los últimos datos muestran que la jornada extendida sigue siendo una deuda pendiente con la mayoría de los chicos del país.

Poca computación, gimnasia e idiomas

El informe de la UCA muestra que en las escuelas primarias del país hay un déficit en la enseñanza de un segundo idioma, que afecta al 39,9% de los alumnos; déficit de computación, que afecta al 48,9% de los alumnos;también en educación física, música y plástica (déficit de 20,7%). Reciben menos de estas ofertas educativas los chicos de los sectores vulnerables.

Diferencias entre mañana y tarde

Uno dato curioso que surge del estudio de la UCA es que hay diferencias sociales entre los chicos de jornada simple que van a la mañana con respecto a los que van a la tarde. Mientras que a la mañana hay alumnos de diversos estratos sociales, por la tarde hay menos chicos de familias de profesionales. El 39,2% de los profesionales manda a sus hijos a jornada completa, el 43,3% a la mañana y solo el 17,5% a la tarde. Los hijos de trabajadores marginales son los que más asisten al turno tarde.

“Una posible explicación es que sea una cuestión cultural. Los chicos de clases medias profesionales tienen actividades extraescolares cuando no van a jornada completa y padres que salen a trabajar. Y mayor tasa de actividad femenina. Los sectores populares, en cambio, tienen mayores restricciones en la oferta educativa (menos vacantes)”, dice Ianina Tuñón, coordinadora del Observatorio de la UCA.

“Cuando las madres son inactivas y viven en espacios segregados, el turno tarde puede ser una mejor opción: se levantan un poco más tarde, es más seguro el barrio, hace menos frío. Pero una de las principales razones es la falta de oferta (vacantes) para el turno mañana”, agrega Tuñón.

Fuente: Clarín 

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Alejandra Cardini

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