Necesitamos políticas que estimulen la adopción de tecnologías 4.0 y preparen a los trabajadores a interactuar con ellas

La Argentina aún está a tiempo de adaptar sus políticas e instituciones a la llamada Cuarta Revolución Industrial (4RI), es decir, al conjunto de tecnologías como la inteligencia artificial, la Internet de las cosas (IoT), el Big Data, la impresión 3D y los sensores inteligentes, que están cambiando la forma en que producimos, consumimos y trabajamos.

Según un documento del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), el país requiere un plan de industria 4.0 con políticas de formación y de protección social para aprovechar las nuevas tecnologías y potenciar su capacidad productiva.

Este centro de investigación llevó adelante un ejercicio de prospectiva, al que tuvo acceso iProfesional, que derivó en un proceso de razonamiento colectivo e interdisciplinario a partir del cual se desarrollaron escenarios hacia 2030.

Del ejercicio de prospectiva se desprende que la tarea es compleja para la Argentina dado que “el statu quo no es una opción viable si se quiere aprovechar al máximo esta ventana de oportunidad”. El centro recomienda las siguientes políticas de seguimiento:

Plan productivo para una adopción más rápida y difundida de las tecnologías 4.0

Para el CIPPEC, la Argentina cuenta con sectores que están cerca de la frontera tecnológica global –como el sector agropecuario y algunos servicios basados en conocimiento- pero el panorama general es de una baja capacidad de absorción de los últimos avances digitales. Para esto, el país puede aprender de lo que otros países están haciendo para acelerarlo y adaptarlo a sus propias necesidades.

El centro recordó que el Gobierno alemán tomó como punto de partida las recomendaciones de la National Academy of Science and Engineering (ACATECH), e inició su programa de “Industria 4.0” en 2013, y luego fue seguido por buena parte de los países más dinámicos del mundo: el plan “China 2025” en el gigante asiático, el de “Advanced Manufacturing” en los Estados Unidos, la “Nouvelle France Industrielle” en Francia, la “Smart Industry” en Suecia, etc.

Un rasgo común de estos planes de política industrial 4.0 es el objetivo de reorganizar la estructura industrial para moverse a esquemas más integrados, flexibles, conectados y colaborativos.

Para ello un punto crucial es la inversión en innovaciones asociadas a la creación y adaptación de tecnologías digitales críticas para la reconversión del sistema productivo (Big Data analytics, robótica avanzada, manufactura aditiva, IoT, etc.).

Un segundo rasgo común es que el objetivo último es aumentar la competitividad, de manera que tendría que reflejarse en el perfil exportador.

Un tercer rasgo común es el foco en los impactos en el mercado de trabajo, y la idea de que la acumulación de capital humano tiene que avanzar vis a vis la acumulación del capital intangible asociado a la 4RI.

Un último rasgo se refiere a la necesidad de actualizar la provisión de bienes públicos poniendo el foco en la infraestructura digital o TI. ¿Qué quiere decir esto en términos de políticas específicas para Argentina?

La respuesta pasa, según el CIPPEC, aún sin la implementación de un programa sistemático como los existentes en otras partes del mundo, algunas de las siguientes políticas pueden llevarse a cabo por distintos estamentos del sector público y son clave para la reconversión productiva y tecnológica:

* Realizar un diagnóstico sobre el uso de las tecnologías asociadas a la 4RI por sector económico, tamaño de empresa, tipo de capital, etc.

* Promover la inversión en ciencia y técnica, con particular foco en el potenciamiento de los institutos tecnológicos asociados a la estructura productiva (INTA e INTI).

* Facilitar la toma de riesgo del sector privado en proyectos asociados a tecnologías 4.0 a través de la promoción de vehículos financieros adecuados.

* Participar en la toma de riesgos de proyectos de avanzada, por ejemplo a través de un esquema de compras públicas que potencie a las “startups” innovadoras.

* Poner especial énfasis en los segmentos más rezagados del ecosistema empresarial, desde las pymes hasta los sectores informales estos últimos de mayor tamaño en la Argentina que en los países avanzados. Detectar allí las oportunidades de “leapfrogging” que puedan hacer la diferencia.

Políticas de formación

Según el CIPPEC, la evidencia disponible apunta a que para la 4RI son necesarias habilidades socioemocionales y cognitivas básicas pero también algunas complejas, específicas de cada sector o actividad.

También serán las fundamentales la flexibilidad y la adaptabilidad, para aprender y producir nuevos conocimientos a lo largo de la vida (“lifelong learning”). Así, readaptar las habilidades de los trabajadores actuales y futuros es complejo, ya que involucra a varias etapas de formación: la primera infancia, el tránsito por el sistema educativo formal y el aprendizaje en el trabajo.

En este contexto tan dinámico, “lo óptimo sería crear una agencia pública para la anticipación de las competencias laborales”, opinó el centro. Allí, la combinación de información sobre el mercado laboral (LMS por sus siglas en inglés) con modelos de pronósticos de habilidades e investigaciones cualitativas pueden servir de guía para la orientación de las políticas educativas (diseños curriculares, formación docente, incorporación de tecnologías digitales, etc.) y el diseño de los incentivos para la capacitación profesional en las empresas.

Si la creación de este tipo de agencias no es factible, de todas maneras es posible detectar políticas específicas que pueden hacer una diferencia:

* Realizar un diagnóstico comprehensivo sobre el estado de los conocimientos y las habilidades en los trabajadores actuales y futuros.

* Fomentar el aprendizaje en la primera infancia a través de políticas integrales de crianza, enseñanza y cuidado. En esta etapa vital se fijan las bases de la estructura cerebral, de manera que constituye un período clave para desarrollar habilidades cognitivas básicas y socio-emocionales. Es, además, un período clave para nivelar las oportunidades de desarrollo entre los sectores socioeconómicos más y menos aventajados.

* Mejorar la calidad de la educación básica para poder incorporar habilidades y conocimientos generales más avanzados. Eso requiere fomentar y mejorar las condiciones de la carrera docente, mejorar los diseños curriculares, invertir en infraestructura y atender especialmente al nivel secundario.

* Adaptar la educación terciaria y universitaria para facilitar el pasaje al mundo del trabajo. Esto requiere potenciar los mecanismos de educación y formación técnica y profesional -incluyendo la escuela media- e intensificar la interacción entre el mundo del empleo y el mundo empresarial.

* Contemplar actualizaciones periódicas como parte de la capacitación dentro de las empresas.

Protección social

Para el CIPPEC, los esquemas tradicionales deben ir reformándose para dar paso a arreglos más flexibles, quizás complementados con una red de contención universal.

“Aquí tampoco sirve el statu quo: la alta tasa de informalidad laboral que tiene la Argentina no encontró aún un mecanismo para resguardar los derechos de los que no cuentan con un empleo formal típico de los países avanzados”, sostuvo el centro.

“Este último punto debe alertarnos sobre una cuestión adicional: la nuestra es una economía dual, lo cual significa que las políticas deberán contemplar las asimetrías existentes, sea en términos sectoriales, de stock de habilidades de los trabajadores y de su género”, afirmó el CIPPEC.

“El mundo está viviendo una acelerada transformación tecnológica liderada por la inteligencia artificial. Veremos cambios cada vez más significativos en la forma de producir y trabajar. Las nuevas tecnologías serán el vehículo de crecimiento económico en las próximas décadas. Por eso, necesitamos con urgencia políticas públicas que estimulen la adopción de tecnologías 4.0 y preparen a los trabajadores a interactuar con ellas”, enfatizó Martín Rapetti, director del programa de Desarrollo Económico del CIPPEC y coautor del estudio.

“Lo que aquí se propone es ambicioso. Lo es en términos del punto de partida y también de nuestra historia: la Argentina —al igual que otros países emergentes— ha mostrado poca capacidad para reformar y adaptar sus políticas e instituciones ante cambios bruscos de contexto”.

Sin embargo, “una ventana de oportunidad acaba de abrirse. Aprovecharla para dejar atrás a Belindia”, en referencia a países que tienen regiones con indicadores económicos y sociales como Bélgica y la India, “y desarrollarnos no depende de la historia sino de las acciones que empresarios, trabajadores y dirigentes tomen de aquí en adelante. Estas son las formas de lograr que esta vez sea diferente”, concluyó el centro.

Fuente: iProfesional

Autor


Martín Rapetti

Director de Desarrollo Económico

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