Una ciudad inteligente incluye a todos los sectores que participan en ella y logra que trabajen juntos

Las ciudades han vuelto a posicionarse como los grandes núcleos de la economía, del ocio, de la cultura; y son cada vez más el gran escenario de la ocurrencia de la vida. Su relevancia, en muchas casos, ya supera el ámbito nacional. París, Londres, Nueva York, Tokyo, San Pablo, Santiago, San Francisco, Barcelona, Singapur, son actores en sí mismos, piezas con peso propio en el tablero internacional.

Las urbes del mundo crecen – y crecerán – a un ritmo muy acelerado. Pero más aún lo harán las ciudades de nuestra región, en un fenómeno que, de acuerdo a las estadística, ya se ha desatado. Una de las grandes preocupaciones que despiertan las ciudades latinoamericanas es que, en general, llevan adelante estos procesos de manera desorganizada, carente de planificación, de infraestructura sólida y con intervenciones que podrían representar un riesgo para sus habitantes y para el medio ambiente.

Las aglomeraciones urbanas se densifican y constituyen metrópolis atravesadas por distintas administraciones – a veces de diferente signo político, presupuesto y objetivos – que deben trabajar juntas en la resolución de problemas que les son comunes y que, al estar tan estrechamente ligadas, no podrían resolver sin el compromiso y la voluntad de la otra.

Sobre estos y otros temas -como la tecnología y el rol de los emprendedores–, habló con Infobae Gabriel Lanfranchi, Director del Programa de Ciudades de CIPPEC.

-¿Que hace a una ciudad “inteligente” y qué posibilidades tienen nuestras ciudades – tan desordenadas y “atadas con alambre” – de volverse lugares más agradable de habitar?

-La ciudad inteligente es una ciudad que crece de manera ordenada e integral, teniendo en cuenta las distintas funciones y áreas de gobierno que interactúan en el mismo territorio. También deben incluir a los distintos sectores de la sociedad que participan ella: el sector público, el privado, la academia y las organizaciones de la sociedad civil. Todos construimos la ciudad, no sólo el sector público. Cuando se logra que todas esas fuerzas trabajen juntas, ahí tenemos una ciudad más inteligente.

-¿Cuáles son los problemas más importantes de las ciudades latinoamericanas, en general; y de las argentinas, en particular?

-Cuando uno piensa en ciudad inteligente, lo primero que le viene a la cabeza es la tecnología. Pero nosotros creemos que es solo un medio que sirve para mejorar procesos y modernizarlos. Hoy, la atención central de las ciudades debe estar en la construcción de capital social. Esto es, en la capacidad de todas estas fuerzas vivas de trabajar juntas. ¿Para qué? Para tener un hábitat mejor y una mejor calidad de vida. Las ciudades deben aspirar a controlar – de manera organizada y entre las distintas fuerzas de la sociedad – cómo se expande la ciudad, cómo crece, si genera igualdad de oportunidades, acceso al transporte público y al espacio público. Hay una nueva agenda urbana impulsada por Naciones Unidas que habla precisamente de todos estos temas. Luego, el otro gran componente tiene que ver con el cambio climático que, lamentablemente, llegó para quedarse. Esto obliga a las ciudades tener que adaptarse rápidamente a nuevas estrategias para mitigarlo. Esa capacidad de adaptación, o resiliencia, es algo muy importante.

-¿Cual es el desafío de las ciudades argentinas en ese contexto?

-Las ciudades argentinas tienen que empezar a trabajar porque todos los años encontramos que hay eventos, sucesos complicados que si no son atendidos a tiempo generan pérdida de vidas y costos materiales enormes.

-Queda claro que una ciudad no es inteligente por la cantidad de tecnología que tenga ¿Pero qué puede aportar esta herramienta para ayudar a resolver ciertos problemas que presentan hoy las ciudades?

-A la tecnología la enfocaría de dos maneras. Por un lado, todos o casi todos tienen un teléfono inteligente, o al menos uno en su familia. Es una herramienta de mucho poder y la tenemos en el bolsillo. Entonces, el esfuerzo tiene que estar en generar que la fibra óptica que llegue a todos los rinconesde la ciudad porque ese es el canal por donde también se transmite la tecnología, y debe hacerse de manera equitativa. ​Una vez que tenés estas cuestiones garantizadas, hay innumerable cantidad de aplicaciones que pueden usarse para mejorar la ciudad, por ejemplo, en transporte público o soluciones de economía colaborativa. Hoy hay toda una línea de trabajo con lo que es la economía colaborativa que está expandiéndose en todos lados y que permite que, a través del uso de plataformas, usemos cosas que estamos sub utilizando. Ese es un trabajo muy grande que estamos haciendo ahora junto con el BID FOMIN en toda la Argentina, en 5 proyectos, y que pensamos que pueden ser un aporte muy grande para el desarrollo de nuestras ciudades.

-¿Qué potencial le ves a las ciudades como actores nacionales e incluso supranacionales?

-Las ciudades se han convertido en el escenario de la ocurrencia de la vida, del hábitat, de todo el mundo. Más del 50% de la población mundial de hoy es urbana y en Argentina está en el orden del 90 o 92% – dependiendo de donde hagas el corte de la población que ya vive en ciudades -. Por lo tanto la cultura se genera en las ciudades, las ideas, la economía, gran parte de las cuestiones de la vida sucede en las ciudades. Más allá de que la relación con el campo, con la ruralidad, con la naturaleza, es fundamental. Pero las ciudades se han convertido en el escenario por excelencia. Hoy hay toda una línea de discusión de cuál es el rol de los líderes municipales y de los líderes de las ciudades, frente a los nacionales. Hay un diálogo abierto muy fuerte – y esto se está conversando en varios foros. El G20, por ejemplo, ahora está empezando a contemplar cuestiones de hábitat que antes no ocurría y que tienen que ver con relación entre cambio climático y ciudades. Así que, en ese sentido, hay toda una discusión internacional de lo que se llama “la paradiplomacia de ciudades”, que está creciendo muchísimo. Hay una iniciativa muy importante del T20 y del U20 (Urban 20) que también va en este sentido.

– ¿Cómo crees que van a ser las ciudades dentro de 10, 20 años? ¿Cuáles serán las características más llamativas?

-Nunca lo sabremos hasta que llegue. La verdad… todo está cambiando tan rápido… no existía WhatsApp hace 4 años, no existía Twitter. Con lo cual ¿A dónde nos va a llevar la tecnología? Es difícil saberlo. Lo que sí sabemos es que va a tener que ser una relación muy, muy fuerte con el tema ambiental y climático. Eso va a estar en el centro de la escena. Cómo generamos infraestructura para el desarrollo que nos permita una convivencia diferente en las ciudades, también será clave. ​Yo me imagino que vamos a un paradigma de ciudad donde vamos a usar mucho menos el auto, vamos a tener ciudades sin autos, con autos autónomos probablemente o bicicletas autónomas como están diseñando en el MIT.

Entonces me parece que vamos a encontrarnos con una nueva forma de movilidad que consuma mucha menos energía. O sea, el tema de consumo energético va a ser clave. El tema de cómo nos movemos. Y probablemente cambien muchas cosas que hoy nos parecen naturales, como puede ser manejar 60 kilómetros, porque vamos a tener que usar transporte público. Vamos a tener que caminar más y volver a encontrarnos. Yo creo que la ciudad tiene que ser un espacio de integración como lo fueron al principio, luego de a poco eso se ha ido perdiendo.

– ¿La tendencia es que las ciudades vuelvan a ser el corazón cultural y de reunión de la vida social?

-Yo creo que sí. Yo creo que “el triunfo de la ciudad” como dice Edward Glaser, se va a dar en la medida en que los que vivimos en la ciudad nos volvamos a encontrar, asumamos que somos diferentes y que podemos convivir en paz, intercambiar ideas, disfrutar del espacio público. Y todo eso va atado a la política pública y también a quienes invierten en la ciudad y la hacen de una forma u otra. Soy optimista. Creo que va a costar trabajo y que hay que luchar para que la ciudad mantenga la calidad de vida que ha tenido siempre. Pero creo que, más que nunca es el gran espacio de desarrollo de las ideas.

-¿Se podrá hacer solamente desde un sector? A veces dejamos todo eso en manos de los políticos de turno, del intendente, del gobernador.

-No, no lo puede hacer un intendente solo, las ciudades son metropolitanas. Entonces requiere de la coordinación entre distintos intendentes para las decisiones más importantes. También demanda la participación de los gobernadores porque la cuestión metropolitana excede el nivel jurisdiccional de los intendentes. Y la de los empresarios que son quienes invierten en la ciudad y generan tendencias. Requiere de la academia que genera las ideas y que está constantemente generando nuevas propuestas; y de las organizaciones sociales que ordenan a la sociedad, ya sea en centros culturales o vecinales que trabajan para lograr que llegue el agua, la cloaca, los servicios básicos. Todas esas fuerzas, en la medida en que se conectan, logran generar lo que es para nosotros una ciudad inteligente. Porque si cada uno resuelve los problemas por su parte, pierde la sinergia de la posibilidad de trabajar en conjunto y conectados, y el resultado es una ciudad menos inteligente.

– También los emprendedores tienen mucho para aportar, en este nuevo modelo de ciudad que requiere innovación constante…

–Los emprendedores tienen la capacidad de transformar las cosas, porque siempre han sido los innovadores. La innovación viene de la mano de los emprendedores. Por eso, encontrar la manera de acompañar a esos emprendedores es una cuestión clave. Si sembramos la idea del emprendedorismo podremos llegar a tener una gran cantidad de proyectos, empresas e ideas nuevas que surjan en y para las nuestras ciudades. Es algo fundamental.

Fuente: Infobae

Autor


Gabriel Lanfranchi

Director de Ciudades

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