Una estrategia de desarrollo exportador requiere un compromiso institucional 

Al próximo gobierno comenzará su gestión en menos de cuatro meses. Su atención estará seguramente demandada por la coyuntura en la que se sumergió la economía tras las PASO. Pero el sentido de urgencia no debería hacernos descuidar los desafíos estratégicos. La Argentina lleva décadas retenida en una trampa de crecimiento interrumpido. Desde la segunda posguerra experimentó 17 episodios recesivos que involucraron 26 años de contracción económica. Una recesión cada tres años. Ningún país ha transitado tantos años recesivos como el nuestro.

Casi en su totalidad, las interrupciones del crecimiento ocurrieron por problemas en la balanza de pagos. Cuando la economía argentina se expande, las importaciones crecen más que las exportaciones y se provoca un déficit en las cuentas externas. El déficit se financia transitoriamente vendiendo reservas del Banco Central, imponiendo controles cambiarios o tomando deuda externa. Cuando estas fuentes se agotan, el peso se deprecia, la inflación se acelera, cae el poder de compra de los salarios y se contraen el consumo, la producción y el empleo.

Una forma alternativa de ver el recurrente problema de escasez de dólares es que cuando la economía crece, la demanda de bienes y servicios transables se expande más rápido que la oferta. Los transables son bienes que pueden exportarse como la soja, la carne o el petróleo, o importarse, como las mermeladas, las máquinas industriales o los autos. Son también transables servicios como el turismo, los de asistencia contable o el software.

Si aspiramos como país a crecer con mayor vigor y sin interrupciones por falta de dólares, debemos aumentar de forma sostenida la producción de bienes y servicios transables. El crecimiento de nuestras exportaciones debe acelerarse en relación al de las importaciones. Sería errado pensar que esta propuesta es del tipo mercantilista. Es una estrategia de desarrollo con consistencia macroeconómica, que procura generar genuinamente los dólares que demanda el crecimiento de la economía. Es bueno que los candidatos a presidente con más chances en las elecciones compartan esta preocupación.

Una estrategia integral de desarrollo exportador requiere muchos elementos. Se necesitan inversiones en logística e infraestructura, simplificación de trámites, inteligencia comercial y acceso a mercados externos. Se necesitan adecuaciones en los impuestos y en el mercado de trabajo y un Banco Central que cuide el nivel del tipo de cambio y evite que se atrase.

En CIPPEC creemos que una verdadera estrategia de desarrollo exportador requiere, además, un compromiso institucional con la necesidad de expandir la oferta exportadora. La creación de una Agencia Nacional de Desarrollo Exportador (ANDE) con la misión de formular la estrategia de desarrollo exportador y con metas de corto y mediano plazo podría contribuir en esta dirección. Su misión debería extenderse a asesorar y facilitar la inversión en actividades transables; estudiar el potencial de sectores productivos prioritarios y las tendencias de mediano y largo plazo que condicionan la inserción internacional del país, y coordinar las acciones y políticas dirigidas a estimular la performance exportadora.

La creación de ANDE no debería involucrar recursos fiscales adicionales, sino una reorganización de políticas e instituciones existentes. Como la meta es institucionalizar el desarrollo exportador como política de Estado, sería importante que la conducción recaiga en un cuerpo colegiado con representación del Poder Ejecutivo, los partidos políticos, los sindicatos y las cámaras empresarios. Una institución multi-stakeholder,destinada a pensar y promover una estrategia país de largo plazo.

Autor


Martín Rapetti

Director de Desarrollo Económico

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