Cuidar, enseñar y criar al mismo tiempo: el desafío para las políticas públicas para la primera infancia en Argentina


Cuidado, enseñanza y crianza (CEC) son elementos indivisibles de toda acción orientada a la primera infancia. Su separación no es solo una falsa oposición, sino también un entendimiento reducido de los derechos de los niños, como así también de la tarea y responsabilidad de las instituciones y actores que participan de estas tareas. De hecho, mientras más pequeños son los niños, más indivisibles se vuelven estos tres elementos.

Su división se traduce en un desarrollo heterogéneo y fragmentado de las políticas de CEC para la primera infancia. La heterogeneidad se observa en que conviven en paralelo diversos formatos institucionales, que incluyen jardines de infantes oficiales y no oficiales y espacios de primera infancia, entre otros. La fragmentación se manifiesta en disparidades de la oferta en términos territoriales, etarios, socioeconómicos y de sector de gestión.

De acuerdo con la escasa información disponible, entre 2011 y 2012 a nivel nacional, solo el 32% de los niños de entre 0 y 4 accedía a algún tipo de oferta institucional de CEC (MDS y UNICEF, 2013). El porcentaje se incrementaba con la edad: mientras que solo el 3,1% de los niños menores de 1 año asistía a instituciones de CEC, en niños de 4 años este porcentaje alcanzaba casi el 80%.

Los déficits de cobertura son más evidentes cuando se contempla solamente la oferta pública: de los niños de 1 año que asistían a algún tipo de oferta, el 68% lo hacía en establecimientos de gestión privada, porcentaje que se reduce año a año hasta llegar a 31% para los niños de 4 años en 2011-2012 (MDS y UNICEF, 2013). Mientras las familias con mayores recursos pueden suplir el déficit de oferta estatal recurriendo al mercado (en establecimientos privados a elección o en casas particulares con personal contratado), las familias con menores recursos no siempre pueden afrontar este costo, y deben recurrir a familiares o a arreglos comunitarios de CEC.

Estas disparidades se refuerzan en términos territoriales. Entre 2011 y 2012 la asistencia a centros de desarrollo infantil en todas sus modalidades, para niños entre 0 y 4 años era del 61,7% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero del 15,5% en el Noroeste Argentino. De todas maneras, cabe destacar que las disparidades jurisdiccionales son solo una primera capa de las disparidades territoriales. El carácter urbano, periurbano o rural del territorio es una segunda dimensión que, pese a su importancia, es difícil de medir.

Hay que reducir la fragmentación de la oferta. Para ello, la articulación entre formatos institucionales representa un avance necesario, pero no suficiente. La preocupación por la rectoría -centrada en unificar o amalgamar la oferta- debe combinarse con un fuerte debate y una sólida apuesta a la calidad en el marco de una política integral para la primera infancia. Para superar la existencia de circuitos diferenciados, es importante partir de un mayor conocimiento de la oferta y de sus heterogéneas características. La escasa información disponible acerca de la cobertura y la distribución de instituciones, su heterogeneidad y fragmentada regulación dificulta la posibilidad de pensar en mejores políticas públicas para la primera infancia.

En este trabajo se profundiza la tríada CEC como una unidad fundamental que describe las tres acciones destinadas a la primera infancia. Es necesario partir de una mirada amplia de estos procesos, que trascienda al sistema educativo e incluya a todos los formatos institucionales y actores que participan de la acogida de los niños.

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